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    Autorrealización desde la perspectiva islámica (II)

    • Ayatola M. H. Beheshti, Ayatola Y. Bahonar
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    Autorrealización desde la perspectiva islámica (II)
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    Autorrealizacipn
    desde la qersqectiva islbmica (II)
    Por:
    Ayatola Dr. Muhammad Husain Beheshtí
    Ayatola Dr. Muhammad Yauád Bahonar
    COMBATE CONTRA LA ENVIDIA
    Para combatir efectivamente la envidia, la persona envidiosa debería hacer
    esfuerzos positivos por lograr algunos éxitos y obtener alguna distinción.
    Naturalmente, un hombre ocupado en sí mismo tiene poco tiempo para envidiar a
    otros. En la mayoría de los casos gradualmente su tolerancia y extroversión son
    revividas y salen de su caparazón. Empieza a tener a los demás en cuenta, y siente
    que está relacionado estrechamente con otros seres humanos. Su sentido de
    compasión y amor al género humano vuelve a despertarse. No solamente no le aflige
    la prosperidad de los demás sino que incluso se encuentra dispuesto a sacrificarse
    por otros.
    Hemos visto que la envidia es una enfermedad espiritual y un signo de
    mezquindad. Causa desasosiego interior al envidioso y perturba la paz de otros. Es
    un flagelo que debe ser erradicado. Pero esto no significa que no deberíamos tomar
    ningún tipo de medida contra quienes cometen cualquier tipo de agresión, privan a
    otros de sus derechos legales u ocupan por medios incorrectos puestos que no les
    corresponden. Tomar medidas para la restauración de los derechos y para refrenar
    la injusticia y el engaño, no es envidia. Es otra cosa.
    La Injusticia, la discriminación y la agresión, de cualquier manera que se
    presente, debe ser resistida, oponiéndose a ella de una manera efectiva. La
    indiferencia y el silencio en tales casos es un pecado grave.
    Por lo tanto no es envidia criticar a una persona que ha adquirido riquezas por
    medios injustos. Tampoco es envidia desalojar a alguien de una posición que no se
    merece. No debemos ser indiferentes a la toma del poder por medios ilegales, sino
    que deberíamos buscar poner fin a la injusticia y que las personas que se lo merecen
    sean quienes lo controlen.
    COMO PURGAR EL ALMA DE LAS SUCIEDADES MENCIONADAS
    Los principios de la educación islámica apuntan a la purificación del ser
    humano y a purgar su alma de lo que la ensucia. Naturalmente, no es fácil erradicar
    un rasgo malo, especialmente si se ha enraizado y ya se ha vuelto un hábito. De
    todos modos, este ser misterioso conocido como “ser humano”, tiene abundantes
    capacidades para ello. Incluso cambiar un hábito no es imposible para él. Y no
    solamente es posible sino que también lo lleva a la práctica. A lo sumo es necesario
    para este propósito que todas las potencialidades del ser humano sean puestas en
    acción y todas las condiciones del medio ambiente sean favorables.
    Antes que nada el ser humano debería ayudarse con su yo interior. Para una
    exitosa autoformación hay dos cosas importantes: una es una actitud correcta en el
    cambio de sus deseos y la otra es una voluntad fuerte. Una voluntad potente y un
    gran entusiasmo son necesarios para implementar una decisión resuelta para
    producir cambios. Si una voluntad fuerte es acompañada por una actitud correcta,
    el proceso de reforma se ve obligado a comenzar, como dice el Corán:
    “.. Dios no cambiará la condición de un pueblo mientras éste no cambie lo que en sí tiene
    (en sus corazones)…” (13:11)
    Por esto es que el Islam sostiene que la conciencia y la fuerza de voluntad juegan
    un papel importante en la autoformación.
    El Imam Al-Sadiq (P.) dijo: “Tu eres tu propio médico. Conoces tu enfermedad
    como así también su curación. Ahora tendrá que verse hasta donde estás preparado
    a elevarte, llegado el caso, y cuidar de ti mismo.”
    También dijo: “Dios no permite que sea enviado al Infierno quien siempre
    ejerció el autocontrol, ya sea que se encontrase en un estado de apasionamiento,
    placer, odio, temor o entusiasmo.”
    Una persona con autocontrol, que siempre puede pensar correctamente y tomar
    una decisión correcta, no sucumbiendo la agitación de las emociones, las pasiones
    transitorias o los viejos hábitos, puede mantenerse a salvo de todas las
    perturbaciones y puede ponerse a salvo del fuego del Infierno.
    El Islam no dice que uno solamente debiera sugerir a los demás que hagan cosas
    buenas ni tampoco dice que se vaya a obligar a otro a hacer algo. A lo que nos
    convoca es a hacer algo para esclarecer o despertar la autoconciencia del hombre y
    erradicar su ignorancia y estrechez de mira, con el objeto de capacitarlo a pensar
    correctamente y tomar decisiones con independencia. Dijo el Imam Al-Sadiq (P.):
    “El enemigo (el mal) se monta sobre la persona que no tiene la bendición de
    auto amonestarse o no tiene compañero que lo guíe.”
    Por lo tanto la liberad y el honor del hombre dependen de la autocrítica y de
    poseer un consejero interior.
    El Corán pone toda su confianza en esta facultad interior de autocrítica que es
    necesaria para la formación de la persona. Dice:
    “¡Juro por el Día de la Resurrección! ¡Que va! ¡Juro por el alma que reprende (el mal)!”
    (75:1-2)
    Otros versículos del Corán respecto a la autoformación muestran que este Libro
    divino considera a la autocrítica como una de las piedras básales de esta tarea.
    El Islam quiere que los sentimientos y estados del ser humano queden bajo su
    control y estén a su servicio.
    Dice el Imam Al-Sadiq (P.): “Convierte tu corazón en un amigo virtuoso y un
    hijo obediente y convierte tu conocimiento en un padre a ser obedecido por el
    corazón. Considera la polución de tu alma como un enemigo contra el que estás
    combatiendo.”
    PIEDAD
    Un hombre que procede como se indica en el punto anterior, es piadoso. Es una
    persona cuidadosa que observa las limitaciones que se le imponen debido a su amor
    a Dios y a la verdad. Goza de una completa libertad, pero se subordina a Dios. Es
    esta subordinación la que lo protege de esclavizarse a otros. Antes de hacer cualquier
    cosa, piensa primero si su acción agradará o no a Dios.
    Puede tolerar el descontento de cualquiera, pero el desagrado de Dios le resulta
    insoportable. Se abstiene así de todo lo que pueda desagradarle. Esta abstinencia y
    observancia de las limitaciones, por amor a Dios, constituye la piedad.
    Una persona piadosa no puede ser compelida a cometer un pecado por medio
    de ninguna amenaza, ni puede ser tentado por dinero, poder o codicia. El rol de la
    piedad es tan importante, que el Corán lo ha considerado el único criterio
    valorizador del hombre:
    “Para Dios el más noble de entre vosotros es el más piadoso.” (49:13)
    La nobleza del ser humano depende de su pureza y autocontrol. Quien es más
    piadoso es el más noble.
    Existen muchos versículos y tradiciones sobre la virtud de la piedad. A
    continuación, citaremos una parte del conocido sermón pronunciado por el Imam
    ‘Alí (P.) sobre la piedad a pedido de uno de sus compañeros, llamado Hammam:
    “Los piadosos son los seres virtuosos. Dicen la verdad. Su vestir es sobrio. Andan
    sin ostentaciones. Se vedan de lo que Dios les ha prohibido. Escuchan atentamente,
    con el objeto de ilustrarse con información provechosa. Mantienen las esperanzas
    (en Dios) tanto en la prosperidad como en el infortunio. Dios se ha manifestado en
    lo profundo de sus corazones, de manera que no dan una importancia mayor a
    ninguna otra cosa (que El).”
    “Una persona piadosa es constante en su fe. Es afable y perspicaz. Su fe es firme
    y va acompañada por la convicción. Anhela el conocimiento. Es independiente, pero
    moderado. Es sumiso en la adoración. Mantiene su dignidad, incluso en la pobreza.
    Se muestra paciente en el sufrimiento. Busca medios lícitos de vida. Se entusiasma
    por el camino correcto. Se mantiene totalmente libre de la avaricia. No tiene deseos
    inaceptables o censurables. Mantiene su cólera bajo control. Todos esperan que haga
    el bien a los demás. Nadie teme ningún daño o perjuicio de él. No habla mal.
    Conversa dulcemente. No hace nada objetable. Todo lo que hace es agradable. Es
    calmo y sereno en los momentos de perturbación. Si es próspero, es agradecido. No
    comete pecados por causa de un amigo. Nunca ofende a otros insultando o
    difamando. No es malo con los vecinos. Soporta las injusticias, pero los demás no
    tienen nada que temer de él. Se esfuerza por ganar la salvación en el más allá, pero
    no daña a nadie. Si se mantiene apartado de alguien, es porque no necesita de él.
    Pero se acerca a la gente debido a su cariño y bondad. No se aparta de nadie por
    vanidad ni trata como amigo a nadie para estafarlo.” (“Nahyu-l-Balaga”, resumen
    del sermón 191)
    CONSOLIDACION DE LA FUERZA DE VOLUNTAD
    De la discusión anterior llegamos a la conclusión de que el ser humano, en su
    movimiento evolutivo debiera antes que nada extraer firmeza de su fuerza interior,
    el florecimiento de la cual depende principalmente de dos, cosas: su propia fuerza
    de voluntad y su conciencia y amplitud de visión.
    Para fortalecer su voluntad debiera emprender la práctica necesaria y hacer uso
    de los ejercicios apropiados. Uno de los roles más importantes y valiosos de todas
    las escuelas de pensamiento islámico es hacer de las personas individuos
    responsables inculcándoles el firme hábito de observar los principios y normas de la
    vida correcta que lleva a sostener su fuerza de voluntad para no sucumbir al
    egoísmo, las pasiones y la tendencia a la pérdida de contención.
    Los mandatos islámicos de rezar cinco veces al día, tener cuidado en la limpieza
    del cuerpo y las ropas, asegurarse de que el lugar donde se va a orar será apropiado,
    la observancia de la dirección de la “qiblah” y el especial programa del mes de
    ayuno, se entienden todos en el sentido de dar al ser humano un sentido de
    responsabilidad y proveerle de una base firme para hacer una vida regular.
    RELACION ENTRE EL AYUNO y LA FUERZA DE VOLUNTAD
    Ya sabemos que es obligatorio para todos los musulmanes adultos sanos,
    hombres y mujeres, siempre que no estén enfermos, viajando, débiles o sean
    demasiado ancianos, mantener el ayuno durante el mes de Ramadán. Es decir,
    abstenerse de comer, beber, realizar la cópula, sumergir la cabeza en el agua, y todos
    los otros actos que invalidan el ayuno.
    Este acto voluntario de resistir las pasiones, el hambre y la sed, así como al
    deseo sexual, despierta y hace surgir en nosotros la fuerza interior dormida y no
    manifestada, a la vez que es un ejercicio de autocontrol que capacita al hombre para
    resistir y no sucumbir fácilmente a las pulsiones más bajas como la codicia, el
    egoísmo y la cólera.
    El ser humano siempre está propenso a ser abrumado o arrollado por una serie
    de deseos desencaminados, como el adquirir riqueza por medios ilícitos, la
    indulgencia en contactos sexuales ilícitos, la permisividad, tentaciones de diverso
    tipo, etc.
    Hay muchos deseos, pasiones y tentaciones que a menudo encolerizan y
    golpean la dignidad y posición del ser humano. Sin embargo, es posible que pueda
    aumentar su fuerza de resistencia y autocontrol, mostrarse perseverante contra todo
    mal sin sucumbir a ninguna tentación y no respondiendo a todos los llamados de
    los deseos. En el momento del estallido de un deseo ilícito debe ejercer la
    autocontención, usar el sentido común, mirar al futuro y tener presente el resultado
    final, de manera que pueda no sacrificarse en función de una pasión momentánea y
    pasajera.
    Para desarrollar gradualmente esta fuerza de resistencia, se debe ejercitar
    ocasionalmente la lucha contra los deseos y placeres personales. El ayuno brinda esa
    oportunidad. Presta la ayuda requerida al desarrollo de dicha resistencia. El Corán
    describe el papel positivo del ayuno con estas palabras:
    “¡Creyentes! Se os prescribió el ayuno como se prescribió a quienes os precedieron,
    quizás así podáis practicar la piedad (y permanecer firmes contra los pecados y deslices)”.
    (2:183)
    VUELTA AL CAMINO RECTO – EL ARREPENTIMIENTO
    Un pecador está como sucio debido a su pecado. Está al borde de la caída. Pero
    a pesar de todo, puede comenzar a luchar contra sus malos hábitos. Es él quien, hasta
    ahora, ha estado cometiendo actos que lo degradan y es él quien ahora debiera tomar
    la decisión de cambiar.
    El ser humano tiene la capacidad potencial de volver al sendero recto de la
    pureza. También Dios ha mantenido abierto el camino de retorno para ello. El nunca
    expulsa a nadie de Su puerta. Esta invitación de Dios, el Compasivo, está siempre
    presente:
    “Di: ‘Siervos que habéis prevaricado en detrimento propio. ¡No desesperéis de la
    misericordia de Dios! Dios perdona todos los pecados (cometidos descuidadamente y de los
    que uno se arrepiente sinceramente)’. El es el Indulgente, el Misericor-dioso.” (39:53)
    Este llamado al arrepentimiento y la posibilidad de ser perdonado son muy
    alentadores y lo inspiran a uno a reformarse prontamente y a volver al sendero recto.
    Algunas personas piensan que, como el camino del arrepentimiento está
    siempre abierto, uno puede seguir cometiendo faltas mientras quiera, hasta que
    eventualmente se decida a arrepentirse. Si hubiese sido así, la promesa de conceder
    el perdón habría sido equivalente a inducir a permanecer sumergido en el pecado.
    El hecho es que, cuanto más uno se habitúa al pecado, se vuelve más débil su
    capacidad de decisión para el cambio. Su alma se vuelve más sombría y como
    resultado de ello su deseo de volver al camino recto desaparece totalmente.
    Además, ¿cómo se puede saber que la oportunidad de ese retorno continuará
    existiendo? En tanto el momento en que uno va a morir no se conoce, ¿quién sabe
    cuanto vivirá y cuáles serán sus circunstancias futuras?
    El verdadero arrepentimiento significa que una persona debe sentirse
    avergonzada de lo que ha hecho y que está ansiosa por reformarse. Y debe tomar los
    primeros pasos prácticos iniciales para tratarse, igual que un paciente afectado por
    una enfermedad o un veneno. Si un paciente así en vez de tomar las medidas del
    caso piensa que, de cualquier manera, se va a curar, su enfermedad puede volverse
    crónica y eventualmente incurable.El Santo Profeta (B. P. y Des.) dijo: “Cada
    enfermedad tiene su cura, y la cura del pecado es el arrepentimiento.”
    El Imam Al-Sadiq (P) ha dicho: “Tan pronto como un creyente comete un
    pecado, Dios le concede un plazo de siete horas. Si pide perdón y se arrepiente
    dentro de ese período, no se anota ese pecado en contra suya. Pero si pasa este
    período sin haberse arrepentido, la falta queda registrada en su contra.”
    Se le preguntó al Santo Profeta quienes eran las personas buenas. El dijo:
    “Quienes se sienten felices cuando hacen algo bueno. Si cometen algún pecado piden
    perdón y se arrepienten. Si alguien les presta algún servicio, son agradecidos con el
    mismo. Si están afligidos por una injusticia, la soportan con paciencia. Si están
    enojados con alguien, lo olvidan.”
    Si una persona se siente arrepentida por algún pecado, significa que su fe está
    viva y que todavía distingue entre lo que es bueno y lo que es malo. Si se siente feliz
    por un buen acto e infeliz por otro malo, está claro que aún puede reformarse.
    Dijo el Imam Al-Sadiq (P): “Quien siente agrado por sus buenos actos y
    remordimiento por sus faltas, es un creyente.”
    Este sentimiento es un incentivo que lleva al ser humano al sendero recto y lo
    protege de la pérdida de toda contención. Ha dicho el Imam ‘Alí (P): “El
    arrepentimiento de un acto pecaminoso compele a uno a no cometerlo más.”
    Ha dicho el Imam Al-Sadiq (P): “Si una persona peca y sinceramente se siente
    apesadumbrado por ello, Dios le perdona antes que dicha persona le pida perdón.
    Si Dios concede un favor a alguien y este siente que Dios ha sido bueno con él, El le
    perdona antes que dicha persona exprese su gratitud.”
    Este sentimiento de remordimiento a veces es llamado “vergüenza” (haiá), el
    cual es considerado en el Islam como una gran virtud.
    Ha dicho el Imam Al-Sayyad1 (P.): “Hay cuatro cualidades que si las posee el
    ser humano hacen su fe perfecta y le purgan de sus pecados. Estas cualidades son:
    observancia de los compromisos contraídos con otras personas, ser veraz, tener el
    sentido de vergüenza respecto a los actos que son pecaminosos a los ojos de Dios y
    de la gente, y ser cortés y amable con sus familiares.”
    De acuerdo a la tradición islámica, Dios dijo en los Salmos de David (P):
    “¡David! Escucha lo que Yo digo, porque Yo digo la verdad. Yo digo: Quien sea que
    venga a Mi con un sentimiento de pesadumbre por los pecados que ha cometido y
    posea la cualidad de avergonzarse, Yo le perdono. Y en cuanto a esos que persisten
    en sus pecados, Yo me olvido de ellos, los abandono a su suerte.”
    Esto muestra que el peso de los pecados de quienes se abstienen de hacer
    públicos sus faltas es más liviano, porque se sienten un poco avergonzados de sus
    malas acciones y no animan a otros a emular sus malos ejemplos.
    Sin embargo, el arrepentimiento debe ser real y uno debe estar determinado a
    evitar los pecados en el futuro.
    Ha dicho el Imam Al-Baqir2 (P): “Quien se arrepiente de su pecado es como
    quien nunca lo cometió. Pero quien pide perdón por sus pecados pero no evita
    seguir cometiéndolos, es como una persona que se burla de sí mismo.”
    Al habérsele pedido al Imam Al-Sadiq (P) que explique el versículo “¡Creyentes!
    ¡Arrepentios (volveos) a Dios con un arrepentimiento sincero!” (66:8), dijo: “El sincero
    arrepentimiento significa que uno debe lamentarse de su pecado y no volverlo a
    cometer de nuevo.”
    EL ROL POSITIVO DE LOS SENTIMIENTOS
    Los factores externos a veces estimulan una emoción como ser el temor, la
    esperanza, el amor, el odio. Esta emoción es llamada “sentimiento”.
    Los sentimientos juegan un papel muy efectivo en la vida humana. Dan
    frescura, color y variedad y evitan la aburrida monotonía. Proveen un incentivo
    poderoso para una serie de actividades creativas y a veces estimulan la voluntad del
    ser humano a actuar de tal manera que ningún otro factor puede oponérsele. Los
    esfuerzos movidos por los sentimientos están marcados por la vehemencia y la
    ardiente firmeza y anima a hacer sacrificios y soportar las penurias entusiastamente
    como si fuesen agradables. Nuestras vidas tienen muchos ejemplos interesantes y
    atractivos de estos sentimientos. Una verdadera madre se mantiene despierta varias
    noches y lo hace con alegría, por cuidar a su hijo recién nacido. Un hijo servicial se
    complace en servir a sus padres y no vacilan en esforzarse en tal sentido. Una mujer
    y un marido que se quieren están siempre ansiosos por hacer lo más que pueden
    para asegurar el confort y bienestar del otro. Si cualquier cosa amenaza su vida
    familiar, combaten heroicamente para alejar la amenaza. Un valiente musulmán
    sacrifica incluso su vida por defender la tierra del Islam y no tiene miedo a nada. En
    todos estos casos el incentivo es un poderoso sentimiento que muy a menudo
    prevalece sobre el razonamiento calculado e impulsa al ser humano más allá de toda
    razón a actos de sacrificio.
    Sentimientos reales y sentimientos artificiales.
    Los sentimientos del hombre son naturales en el cien por ciento en todos esos
    casos que se refieren a sus deseos personales. Cuando un hombre se siente triste
    después de un incidente personal amargo o cuando se siente feliz debido a un éxito
    también personal, sus sentimientos de pesar y gozo o amor y odio son totalmente
    naturales.
    Pero, ¿qué pasa en los casos en que sus hijos, padres, mujer o hermanos sufren
    un quebranto o un perjuicio? En tales casos también la persona se siente triste o
    apesadumbrada. Pero la intensidad de su sentimiento y la razón del mismo no es
    igual en los casos de todos los individuos y sociedades.
    En el caso de algunos, este sentimiento de pesadumbre emana de un tipo de
    ligazón afectiva que se encuentra entre la persona del caso y sus hijos, padres,
    esposa, hermanos o amigos. Esta ligazón es tan real y básica que uno siente como
    propia la pérdida o perjuicio acaecido, por ejemplo, alguno de los hijos. Es decir que
    nos encontramos con un sentimiento real y auténtico.
    En este caso uno deja de lado su ego. Su personalidad se expande y abarca a sus
    hijos, padres, etc. Por lo tanto este tipo de emoción sentimental en realidad es un
    tipo de crecimiento y expansión de la personalidad del ser humano. Pero en el caso
    de ciertos individuos la situación es distinta. Como cuando la relación de un hijo con
    su padre se debe a que éste le mantiene o le da dinero. O como cuando alguien quiere
    a su hijo porque le hace compañía o porque espera que cuando necesite de él pueda
    recibir ayuda. O como cuando se quiere a la esposa porque ésta cubre sus
    necesidades domésticas, económicas y sociales.
    En todos estos casos el amor o sentimiento mostrado por el prójimo no es
    verdadero. No se puede comparar para nada con la belleza del amor ferviente y
    puro. Una persona con un amor artificial no se siente intranquila si alguno de sus
    parientes está afligido o apesadumbrado. Esa persona quiere a sus parientes
    solamente mientras obtenga un beneficios de ellos. Si llegado el momento no le
    reportan ningún beneficio, los trata peor que a extraños. Pueden pasar los años que
    sean que no le importará que sucedió con sus parientes. Esta no es otra cosa que la
    ruin y mecánica moral materialista.
    Sentimientos especiales.
    La moral mecánica-materialista no cree en el amor al prójimo como un principio
    fundamental. Solamente lo ve como un medio para lograr el éxito en su vida
    personal y organiza las relaciones con los demás sobre la base de la extracción de los
    máximos beneficios personales. De acuerdo a esto, deberíamos, por supuesto, obrar
    con los demás amablemente, observar las costumbres y maneras de la mayoría
    estrechar la mano a los demás calurosamente, observar las normas convencionales
    de conducta personal y ser siempre respetuosos y sonrientes. Pero ¿por qué? No
    porque realmente se siente afecto por otros y nos agrade su amistad y cooperación
    para el logro de nuestros propios fines. Esta forma de moral es un tipo de
    explotación. Se puede comparar con los servicios de bienestar dado a los
    trabajadores en los complejos industriales, los cuales están disponibles no debido a
    un real respeto por los derechos y humanidad de los mismos y sus familias, sino con
    el fin de obtener los beneficios máximos de la persona asalariada. Miremos a un
    gerente de un complejo industrial. Se comporta con sus trabajadores de manera
    amable y alterna con ellos cálidamente. Les da un aumento, los visita cuando están
    enfermos y les ayuda de distintas maneras. Pero no hace todo esto por amor a Dios
    o por amor a la humanidad. Ni lo hace porque crea en la justicia y la equidad.
    Simplemente quiere ser popular con sus trabajadores a fin de estar en condiciones
    de hacerles trabajar lo más posible.
    En tal caso la atención prestada a otra gente no se debe a que sean seres
    humanos como uno, sino porque sirven a los propósitos de quien tiene la atención.
    Y esta es precisamente otro ejemplo de la vergonzosa manifestación del egoísmo. Es
    debido al egoísmo que uno quiere ser considerado un gerente muy eficiente o quiere
    un mayor pago y un rango más elevado. Y si se es el director de la propia empresa
    se quieren beneficios más altos y por eso se da importancia a las buenas relaciones
    entre uno y los trabajadores que se ocupa.
    En estas circunstancias, la reacción de los trabajadores será también de similar
    naturaleza. Reunidos con el gerente demostrarán un respeto artificial acompañado
    de un cariño más artificial aún. Pero en lo profundo de sus corazones no sentirán la
    mínima consideración por el así llamado eficiente directivo. Le exhibirán una
    cortesía artificial y por cada acto de esos esperarán una recompensa en efectivo.
    Este tipo de infraestructura de las relaciones sociales es totalmente inaceptable
    porque en este caso todo gira alrededor del egoísmo y el interés individualista. Si un
    día una persona egocéntrica se da cuenta de que sus intereses no son manejados con
    afecto no vacila en ser indiferente e incluso cruel con sus empleados. En tal
    circunstancia la opresión y rudeza se vuelve al principio de su vida.
    En nuestra época hay naciones que son conocidas por sus altos valores éticos, y
    justas relaciones humanas en sus países. Pero encontramos que en cualquier
    circunstancia en que los intereses de estas así llamadas naciones con moral necesiten
    de los recursos naturales o mercados de otros países para sus productos o industria,
    se valen de las presiones, de guerras sangrientas, de la devastación, las masacres o
    los crímenes más odiosos. Y entonces se ve que los fundamentos de sus sentimientos
    y supuesta amistad, así como de la hostilidad abierta, no son sino el egoísmo y el
    interés individual. Encontramos que estas mismas naciones después de luchar en
    una guerra bárbara cambian su ropa, lucen un rostro simpático y empiezan a dar
    cumplida satisfacción a las pérdidas causadas por la guerra. Envían ayuda y equipos
    de rehabilitación. Pero en realidad todas sus ayudas y servicios son parte complementaria
    de su guerra. Incluso el envío de alimentos para la gente hambrienta de
    otro país no tiene motivos puramente humanos. Más bien lo hacen como quien
    alimenta con combustible una máquina para que siga produciendo para beneficio
    de sus propietarios.
    Sentimientos reales o verdaderos.
    Desde el punto de vista islámico los sentimientos artificiales, como fueron
    explicados, no se pueden llamar humanos e islámicos.
    Una persona se acercó al Santo Profeta y le pidió que le indicara una manera de
    vida que pudiera darle derecho a obtener el Paraíso. El Santo Profeta (B. P. y Desc.)
    dijo: “Compórtate con los demás como te gustaría que los demás se comporten
    contigo. No quieras para los otros lo que no quieres para tí.”
    Por lo tanto, de acuerdo a las enseñanzas islámicas uno no se debería considerar
    como la cabeza de todos los demás y el eje de todas las cosas. Debería considerar a
    todos en el mismo nivel en que se considera a sí mismo. Esta es la enseñanza basada
    en la filosofía de la equidad islámica, de acuerdo a la que todos los hombres son
    iguales. Ha dicho el Santo Profeta (B. P. y Desc.): “La virtud más elevada es ser justo
    en el juicio que se haga, incluso aunque vaya contra uno mismo. Considera a tu
    hermano en la fe como tu igual, y recuerda a Dios en toda circunstancia.”
    Esta es la cualidad que sirve de criterio de fe y resulta una cuestión de honor
    para la persona y la sociedad humana.
    Ha dicho el Santo Profeta: “Recuerda que Dios no exalta sino el honor de la
    persona que observa la justicia en todos los casos o problemas que se presentan entre
    ella y los demás. Un verdadero creyente es quien observa la equidad entre él y las
    personas necesitadas de recursos, y se auto forma como un modelo por su
    comportamiento con los demás.”
    De la misma manera que a un verdadero creyente le gustaría que otros lo
    respeten, le digan la verdad, le ayuden, sean fieles y amables con él y observen sus
    derechos, este también debería obrar de la misma manera, porque en realidad no
    hay ninguna diferencia entre él y los demás.
    De la misma manera, así como no le gustaría que hablen mal de é1 lo acusen
    injustamente, abusen de él, bloqueen su camino hacia el progreso o actúen
    arrogantemente, tampoco el debería obrar de esa manera. Un verdadero creyente
    debe compartir las alegrías y penurias de los demás.
    Cuando al Imam Al-Baqir (P) se le pidió que explique el versículo del Corán
    que dice: “Hablad bien a todos.” (2:83), dijo: “Habla a la gente de la manera que más
    te gustaría que te hablen a ti.”
    De acuerdo a las enseñanzas islámicas, ético es todo aquello que acerca más a
    Dios y que busca Su complacencia. Observemos la tradición.
    Se le preguntó al Profeta a quien quería más Dios. El Profeta (B.P. y Desc) dijo:
    “Al que más beneficia a otros seres humanos.”
    Por lo tanto, la beneficencia para con el prójimo y el servicio a la sociedad son
    los criterios de proximidad a Dios.
    Hay otro dicho del Profeta que puede ser considerado como un principio de las
    enseñanzas islámicas y de las relaciones sociales: “Todos los seres humanos son la
    familia de Dios. Dios ama más a quien sirve a Su familia.”
    Si reflexionamos acerca de estas expresiones islámicas encontramos que, en
    principio, los sentimientos sociales deberían partir de uno hacia la sociedad. Todos
    los seres humanos han sido creados por Dios el Único, y son sus siervos e iguales
    entre ellos. Cada uno debería servir a los demás y cuidarlos como se cuida a sí
    mismo. Frente al hecho de que la base del Islam es la creencia en la Unidad de Dios,
    El debería ser la fuente original de todas las actividades, temores y esperanzas
    humanas. El servicio a la humanidad es la manera de buscar Su agrado.
    El quid de la enseñanza islámica es la adoración a Dios y el servicio a la
    humanidad. El Islam quiere producir personas que puedan considerar el servicio
    como el fundamento de la verdad y la pureza.
    No cabe duda que uno puede ser servicial y amable con otros por motivos
    puramente filantrópicos. Pero en estos casos si sus servicios no son apreciados, uno
    se descorazona y el entusiasmo en tal sentido desaparece. Por otra parte, si uno
    presta sus servicios a otros por amor a Dios, la atención continuada se concentra en
    la búsqueda de Su complacencia. A esto se debe que el musulmán auténtico quiera
    sinceramente servir a otros. Está interesado en hacer todo lo que puede por otros, se
    lo agradezcan o no. A menudo prefiere prestar sus servicios secretamente para no
    verse ensuciado por la hipocresía y la ostentación, a la vez que la persona a la que
    se auxilia no se sienta disminuida.. La persona islámica presta sus servicios sinceros
    debido a su amor a la humanidad y su ardiente devoción a Dios. Se sacrifica por la
    sociedad y dedica su tiempo a otras potencialidades al servicios de los desposeídos
    u oprimidos. Se deleita en su sacrificio, porque lo hace por amor a Dios. Quien
    conoce sus intenciones y acciones tanto abiertas como ocultas.
    Como tal, la persona islámica ama al género humano. Teniendo una base
    valiosa, su amor da un tono puro y encendido a su filantropía y hace que exista una
    unión estable de cualidad superior entre ella y los demás.
    Sentimientos familiares.
    Además del amor al género humano que es un sentimiento general que abarca
    un amplio campo, todas las personas tienen por naturaleza un sentimiento especial
    por sus padres, hijos, hermanos y, en un grado menor, por sus otros parientes
    cercanos. Este sentimiento, que es natural, constituye una unión más fuerte dentro
    de un campo más estrecho. Una interesante especie de este sentimiento es el amor
    de la madre por sus hijos.
    El Islam concede gran importancia a esta fuerza constructiva y ha intentado
    siempre orientarla en la dirección correcta.
    Uno de los compañeros del Imam Al-Sadiq (P) preguntó a éste cuales eran los
    actos más piadosos, y respondió: “Hacer la oración a las horas correspondientes, ser
    bueno con los parientes y luchar en el camino de Dios.”
    Otro compañero suyo relata: “Una vez le comenté al Imam (P) que mi hijo se
    portaba muy bien conmigo y entonces me contestó: ‘Yo ya lo quería a tu hijo, pero
    ahora lo quiero más’.”
    Después el Imam agregó: “Un día la hermana de leche del santo Profeta (B. P.
    y D.) vino a verle. El Profeta se sintió muy feliz. Extendió una alfombrilla y le pidió
    que se sentara allí. Siguió hablándole afectuosamente hasta que ella se levantó y se
    despidió. Un poco mas tarde llegó el hermano de ella, pero el Profeta (B. P. y D.) no
    mostró el mismo cariño y consideración.”
    “Los compañeros del Profeta (B. P. y D.) le preguntaron a éste porqué no había
    recibido a ese hombre tan afectuosamente como a su hermana. El Profeta dijo que
    su hermana era mas solícita con sus padres y entonces merecía mas respeto y
    consideración.”
    De acuerdo a otra tradición, al Imam Al-Sadiq (P) se le preguntó sobre el sentido
    de “amabilidad” en el versículo coránico que dice: “Exhibe amabilidad a tus padres”.
    El Imam dijo: “Amabilidad significa que deberían dirigirse a ellos con cortesía
    y no obligados a que les pidan lo que necesitan aunque sean independientes. En
    otras palabras, apenas sienten que necesitan algo provéanlos de ello. ¿No saben que
    Dios dice: ‘No alcanzaréis la piedad auténtica mientras no deis de limosna (mientras
    no gastéis) de lo que amáis’ (3:92)? ”
    Y agregó el Imam (P): “Dios ha dicho: ‘Por piedad, muéstrate deferente con
    ellos’ (17:24).”
    Ello significa que nunca se debe ser hosco con los padres sino que debe
    tratárselos con amabilidad y simpatía. No se debe levantar la voz por encima de la
    suya. La mano de uno debe quedar bajo la de ellos al tomar algo o al darles algo.
    Cuando se les acompaña uno no debe caminar por delante de ellos.
    Posponemos la discusión elaborada de los derechos y obligaciones recíprocas
    de los padres e hijos para otra ocasión.
    De todos modos, se puede decir resumidamente que la responsabilidad de los
    hijos abarca cuestiones legales y financieras como así también el comportamiento
    con sus padres y la observancia de cariño y respeto por ellos. Especialmente si los
    padres son ancianos y débiles, los hijos tienen una responsabilidad mayor.
    Incluso después que mueren no deben ser ignorados y cortada la relación con
    ellos.
    Dijo el Imam Al-Sadiq (P.): “¿Qué les impide hacer el bien a sus padres, ya sea
    que estén vivos o muertos? Cada uno de ustedes debería brindar plegarias, dar
    limosna, cumplir la peregrinación y guardar el ayuno en consideración a sus padres.
    Dios premiará a ellos así como a ustedes. También El les concederá un premio
    adicional por ser buenos con sus padres.”
    —La bondad con los parientes.
    El Comandante de los creyentes, el Imam ‘Alí (P.) ha dicho: “Mantén tu relación
    con tus parientes, al menos por medio del saludo.”
    El Corán dice:
    “Se cuidadoso de tus deberes para con Dios. Temed a Dios en cuyo Nombre os pedís
    cosas y respetad la consanguinidad Dios siempre os observa.”(4: 1)
    También dice el Corán (respecto a los bondadosos):
    “Quienes mantienen los lazos que Dios ha ordenado mantener y temen a su Señor y que
    les vaya mal al ajustar las cuentas”. (13:21)
    Ser buenos con los parientes produce efectos valiosos y constructivos en la
    propia vida de uno.
    Ha dicho el Imam Al-Baqir (P): “El mantener buenas relaciones con los
    parientes mejora la propia moral, nos hace generosos, purifica el alma, dilata los
    medios de vida y prolonga el tiempo de existencia.”
    Es evidente que las buenas relaciones con los parientes tienen dos aspectos: en
    primer lugar el afecto y el cariño, y en segundo lugar la ayuda financiera y otros
    tipos de apoyo y asistencia. Ambos aspectos se dirigen directamente contra el
    egoísmo lo cual tiene un efecto constructivo. Los sacrificios en este sentido son una
    campaña contra el egoísmo personal y aseguran la pureza del alma.
    Cuando una persona muestra amor por otras, naturalmente éstas también
    quieren a la primera, y llegado el momento le sirven en lo que le haga falta. Esta
    ayuda y apoyo capacita a la persona en cuestión en la obtención de mejores
    facilidades para asegurarse la prosperidad y el progreso. De esta manera la
    expansión de los medios de vida y la prolongación de la vida están asegurados.
    Además, la prolongación de la vida como consecuencia de Ser buenos con los
    parientes posiblemente sea uno de esos efectos espirituales con los que Dios ha
    cubierto todas las buenas obras.
    Incluso si tenemos en cuenta solamente estos efectos mundanales, no puede
    haber ninguna duda acerca del premio en el más allá.
    Ha dicho el lmam Al-Sadiq (P): “El mantenimiento de las buenas relaciones con
    los parientes y el procurarles el bien facilita el rendimiento de cuentas de uno en la
    otra vida y protege de cometer pecados. Por lo tanto se debe observar las buenas
    relaciones con ellos y comportarse bien con los hermanos, al menos saludándoles
    afectuosamente y retribuyendo los suyos.”
    En contraste, el rompimiento de relaciones con los parientes es tan malo como
    romper el convenio con Dios y crea perjuicios por todos lados. Tiene muy malas
    consecuencias. Dice el Corán:
    “Quienes violan la alianza con Dios después de haberla concluido, cortan los lazos que
    Dios ha ordenado mantener (de parentesco, hermandad) y corrompen la tierra, éstos son los
    perdidos.” (2:27)
    —El aprecio por los vecinos.
    Quienes viven como vecinos tienen mayores exigencias mutuas. No cabe
    duda que en este caso no existe ninguna unión o ligazón familiar o natural. Pero el
    hecho de que vivan cerca unos de otros, que se encuentren a menudo y se
    familiaricen en la relación, crea un derecho. Además, los vecinos tienen una serie de
    intereses comunes que no existen con otros.
    Si los individuos que viven en un edificio hacen mucho ruido, arrojan basura al
    exterior, dejan que sus canaletas o techos derramen agua por donde pasan otros, o
    permiten actividades sociales indeseables, es el vecino quien más sufre debido a su
    conducta impropia.
    De este modo, la vecindad reúne una serie de individuos y varias familias Y da
    lugar a ciertos problemas comunes. Por lo tanto estas personas tienen algunas
    obligaciones y derechos especiales en su mutua relación que deben cumplir para ser
    capaces de llevar una vida pacífica y responsable.
    La siguiente es una parte de las instrucciones impartidas por el Santo Profeta
    (B. P. y D.) a su hija Fátima Al-Zahra (P): “Quien cree en Dios y en el Día de la
    Resurrección debe respetar a sus huéspedes o visitas. Quien cree en Dios y en el Día
    de la Resurrección debe decir algo bueno o mantenerse callado.”
    Encontramos así que el Islam ha prestado una atención especial a la observancia
    de los derechos de los vecinos y que ha declarado que ello es un signo de fe. Es una
    realidad que la verdadera fe no puede existir sin la observancia de los derechos de
    los vecinos.
    El Santo Profeta (B. P. y Desc.) ha dicho: “Quien duerme después de comer
    hasta hartarse mientras su vecino está hambriento no cree en mí. Dios no ve con
    agrado a las personas de un pueblo donde alguien va a dormir con hambre.”
    Un hombre de entre los Ánsar (los compañeros medinenses del Profeta) fue
    donde el Profeta y le dijo que había conseguido una casa pero que su vecino no era
    una buena persona para nada y que temía ser perjudicado o dañado por el mismo.
    El Santo Profeta pidió a ‘Ali, Salman, Abú Dhar y otra persona más (quien relata este
    incidente dice no recordar el nombre del último pero posiblemente se trataba de
    Miqdad), que fueran a la mezquita y proclamaran lo más sonoramente posible que
    “Aquel de quien su vecino teme su maldad, no es un verdadero creyente.”
    Los cuatro fueron a la mezquita e hicieron el anuncio tres veces. Luego de eso
    el Profeta hizo una señal con la mano y dijo que los residentes de 40 casas por
    delante, 40 casas por detrás, 40 casas a la derecha y 40 casas a la izquierda iban a ser
    considerados vecinos.
    En vista de lo dicho estas instrucciones morales del Islam no deberían ser
    tomadas como marginales o simples formalidades insignificantes (dentro del Islam).
    Ellas son instrucciones básicas tan entretejidas con la fe que su violación sacude los
    cimientos de ésta.
    Para ponerse a salvo de la ruindad de un vecino, deben usarse en lo posible,
    métodos pacíficos. Si éstos se muestran inefectivos solamente entonces se puede
    recurrir a medios violentos, porque la maldad tiene que ser resistida en cualquier
    caso. Sin embargo, se deben tomar las medidas para que el perjuicio no sea
    respondido con un perjuicio mayor.
    Dijo el Imam Al-Baqir (P): “Un hombre llegó donde el Profeta y se quejó de que
    su vecino le causaba problemas. El Profeta (B.P. y Desc.) le aconsejó ser paciente.
    Volvió nuevamente y reiteró la queja. Nuevamente el Profeta le pidió que sea
    paciente. Regresó por tercera vez y expresó la misma queja. Entonces el Santo
    Profeta dijo: El viernes, cuando mucha gente va para la oración del yumu’a (oración
    congregacional de los viernes), saca los muebles de tu casa a la calle y dile a la gente
    que estás dejando tu vivienda porque tal y cual vecino te está causando problemas.
    El hombre hizo como se le dijo. Mucha gente pasó a conocer así sus quejas.
    Llegó al vecino en cuestión la noticia de que la opinión general había sido excitada
    contra él. Inmediatamente fue donde el primero y le pidió disculpas, solicitándole
    que vuelva a colocar los muebles dentro de la casa, asegurándole que no le causaría
    ningún inconveniente en el futuro.”
    FRATERNIDAD ESPIRITUAL
    De acuerdo a la lógica islámica, la hermandad en la fe es la unidad más
    profundamente enraizada, que crea una relación de parentesco y responsabilidad.
    Ha dicho el Imam AI-Baqir (P): “Cada creyente es un hermano en la fe de
    cualquier otro creyente. Son como un cuerpo del cual todas las partes se sienten
    incómodas si una de ellas sufre por algo. Las almas de dos creyentes dimanan de
    una sola alma. Todas están conectadas con Dios. El alma de un creyente está más
    ligada a Dios que lo que está la luz del sol con el propio sol.”
    También dijo: “Un creyente es hermano de otro creyente. Es su vista y su guía.
    Nunca le traiciona. Nunca le engaña. Y nunca se hecha atrás de la palabra dada a
    él.”
    Vemos que la ligazón espiritual entre dos creyentes debería ser suficientemente
    fuerte para apartar el peligro de cualquier tipo de malicia y traición para que ambos
    puedan sentirse absolutamente seguros.
    La ligazón religiosa gira alrededor de la fe en Dios. Si no son observadas las
    normas de la fraternidad religiosa también se romperá la ligazón con Dios.
    Observemos en el relato siguiente, que es uno de cientos en la materia, que el vínculo
    de amistad con Dios puede ser mantenido solamente si son observados los derechos
    de los musulmanes, pues de otra manera se romperán y anularán. Este relato
    menciona algunos de los mutuos derechos y obligaciones de los musulmanes:
    Al Imam Al-Sadiq (P) le preguntó un compañero: “¿Qué derechos tiene un
    musulmán frente a otro musulmán?”. El Imam dijo: “Hay siete derechos y todos
    ellos son obligatorios. Quien viola alguno de ellos desobedece a Dios y será privado
    de Su Favor.”
    Preguntó el compañero: “¿Cuáles son?”. Y respondió el Imam: “Temo que
    puedas no observarlos después que los conozcas.” Y el compañero respondió:
    “Buscaré la ayuda de Dios.” Dijo el Imam: “El más sencillo es que debes desear para
    él lo que deseas para ti y no gustarte para él lo que no te gusta para ti.”
    “El segundo derecho es que evitarás ofender a otro musulmán y deberías
    acceder a sus requerimientos.”
    “El tercer derecho es que deberías ayudarlo física y financieramente.”
    “El cuarto derecho es que deberías guiarlo al camino recto. Deberías ser sus ojos
    y el espejo con los que el otro pueda ver la verdad.”
    “El quinto derecho es que no deberías llenarte con comidas y bebidas mientras
    otro musulmán está hambriento o sediento. Deberías asegurarte que mientras tu
    estás vestido, él no se quede desnudo.”
    “El sexto derecho es que si tu tienes quien te sirva y él no, deberías enviar a
    quien te sirve a que lave sus ropas, prepare su comida y haga su cama.”
    “El séptimo derecho es que deberías creerle cuando pronuncia juramento,
    deberías aceptar su invitación, deberías visitarlo cuando esté enfermo y atender su
    funeral en caso que muera. Si sabes que tiene necesidad de algo, has todo lo que
    puedas para satisfacerla antes de que te pida ayuda. Si procedes así, solamente
    entonces habrás establecido tu relacion religiosa con él y fortalecido las relaciones
    amigables y fraternales entre ambos.”
    COMPAÑERISMO
    Las enseñanzas islámicas han recomendado el establecimiento de relaciones
    fraternales y cordiales con los demás. Aquí mencionaremos primero unos pocos
    ejemplos de las instrucciones del Profeta y los Imames de su familia en este sentido.
    Luego haremos algunas aclaraciones más sobre el compañerismo y mencionaremos
    sus aspectos negativos.
    Ha dicho el Santo Profeta: “Así como mi Señor me ha ordenado cumplir mis
    deberes religiosos, de la misma manera me ha ordenado que sea amigable con la
    gente.”
    El Imam ‘Alí (P) ha dicho: “Un creyente desarrolla la amistad con otros. Quien
    no se mezcla con otros cordialmente y no tiene amigos, no es un buen creyente.”
    El Imam Al-Sadiq (P) ha citado del Santo Profeta: “Dios es el Compañero. A el
    le gusta el compañerismo y anima a ello.”
    El Imam Al-Sadiq (P) dijo: “A una familia que le falta el espíritu de
    compañerismo se le priva de la bendición divina.”
    Aprendemos de estas tradiciones que en el programa de las enseñanzas
    islámicas el compañerismo ocupa un lugar prominente. Tiene un status igual al de
    los deberes religiosos en lo que hace a la atención y devoción a Dios.
    Hay personas que son temperamentalmente rígidas y reservadas. Nunca se
    unen a otros ni los reciben bien de manera de estrechar relaciones. La razón de este
    aislamiento puede deberse a:
    a) Algunas veces puede ser debido al orgullo o engreimiento al no tener en
    cuenta a los demás o no considerarlos como iguales. Por lo tanto no alterna con ellos
    y no actúa franca y comunicativamente.
    b) Algunas personas sufren un complejo de inferioridad por temor a no
    desempeñarse bien en la sociedad, a no ser capaces de observar las normas de
    formalidad o decir las cosas que le hagan pasar vergüenza. Por esta razón rara vez
    entran en contacto con otros. En este caso se debería combatir ese sentimiento de
    inferioridad e intentar ganar confianza. En la mayoría de los casos esta tendencia es
    nociva, y priva al ser humano de muchas oportunidades.
    c) Algunas veces este estado es el resultado de desengaños y fracasos en la vida.
    Aplastan a la persona de tal manera que ésta pierde toda esperanza e iniciativa. No
    se sienten interesados en reunirse o intimar con otros. Se vuelve tan pesimista
    respecto al medio que lo rodea que no confía en nadie. No encuentra a nadie lo
    suficientemente sincero como para trabar amistad. Este sentimiento de
    desesperanza, pesimismo y falta de confianza es, por supuesto, una enfermedad
    dañina que produce un efecto adverso en las relaciones de uno con la gente y por lo
    tanto habría que combatida constantemente.
    d) Algunas gente no quiere tener amigos porque está preocupada con trabajos
    positivos y perciben que la amistad interferirá con su importante trabajo.
    En este sentido se puede decir que en todas las cuestiones la mejor política es la
    moderación. Todos los buenos actos son solamente deseables en la medida en que
    no interfieran en otras actividades esenciales.
    El compañerismo es bueno, pero debido al mismo no deberían ser sacrificados
    otros deberes y responsabilidades.
    Como una cuestión de principio deberíamos ver cuál es la idea que respalda la
    amistad y el compañerismo. ¿Significa el compañerismo que uno regularmente
    debería gastar su tiempo en el compañero? Por supuesto, no es apropiado gastar el
    valioso tiempo propio en visitas innecesarias y charlas inútiles, aunque al mismo
    tiempo también es equivocado desligarse de la gente y no tratar con ella porque en
    este caso se queda aislado y se siente triste y desolado. Una persona sin amigos
    consigue pocos éxitos en la vida. Tanto el que la amistad interfiera demasiado en las
    actividades positivas de uno, como el no tener amigos acarrea consecuencias
    nocivas. Muchos logros prácticos en distintos campos se deben a la amistad.
    Ha dicho el Imam Al-Sadiq (P): “Quien trabaja sobre la base de la familiaridad
    y la amistad, se asegura los resultados deseados.”
    Por lo tanto un musulmán debe tener relaciones amigables y cordiales con otros
    musulmanes, prestando debida atención a la moderación y al hecho de que su
    relación con otros sea fructífera.
    También es valioso recordar que la amistad islámica debe ser sincera y de
    corazón. El Islam requiere la sinceridad y la veracidad en todos los campos,
    veracidad al hablar veracidad en la expresión de sentimientos y muestras de afecto.
    Una muestra de afecto y amistad superficial y fingida es un fraude o una forma
    de hipocresía lo cual ha sido severamente denunciado en el Islam.
    —Elección de compañeros y amigos.
    Se puede mencionar en relación con esto que el Islam, aunque impulsa a las
    relaciones cordiales con otros, sin embargo, evita la corrupción y los efectos dañinos
    de la compañía de individuos ruines y malévolos, prohibiendo estrictamente todo
    tipo de contacto e intimidad con éstos. El Imam Al-Sayyád (P) dio el siguiente
    consejo a su hijo, el Imam Al-Baqir (P): “Querido hijo. Evita la compañía de cinco
    categorías de personas. Nunca deberías hablar con ellas, acompañarlas o viajar junto
    a las mismas.”
    El Imam Al-Baqir preguntó: “Por favor, dime cuáles son esas cinco categorías.”
    Dijo el Imam Al-Sayyád (P):
    “—Evita la compañía de un mentiroso. Es como un espejismo y da una falsa
    imagen de las cosas.
    —Evita la compañía de un corrupto. Te venderá por un precio vil.
    —Evita la compañía de un avaro. Hará que se te vea mal antes que necesites su
    dinero.
    —Evita la compañía de un tonto. El te hará daño mientras tu intentas hacerle el
    bien.
    —Evita la compañía de una persona que ha cortado las relaciones con sus
    parientes. Ese tipo de personas está denunciada en tres partes del Corán.”
    El Imam ‘Alí (P) en el curso de uno de sus sermones dijo: “Un musulmán
    debería evitar la amistad con tres tipos de personas: la persona malvada y sin
    vergüenza, la tonta y la mentirosa. La primera presenta sus malas acciones como
    buenas y espera que tú sigas su ejemplo. No te sirve a ningún propósito, ni en este
    mundo ni en el otro. Estar cerca de ella es una desgracia y hacer arreglos con ella
    una desdicha.”
    “Un tonto no puede hacerte ningún bien ni puedes esperar que te salve de
    ninguna calamidad. En muchos casos puede intentar beneficiarte pero más bien te
    perjudicará. Su muerte es mejor que su vida, su silencio mejor que su parloteo y que
    se mantenga lejos es mejor a que esté cerca.”
    “En cuanto al mentiroso, nunca puede ser agradable vivir con él. Va a otros con
    cuentos acerca tuyo y a ti te viene con cuentos de otros. Cuando te dice algo cierto a
    continuación dice algo falso. Su reputación está manchada. Hasta el punto de que
    cuando dice una verdad nadie le cree. Debido a la hostilidad que encierra en su
    corazón para con las personas, hace que se enemisten entre ellas y crea la malicia en
    sus corazones. Sean cuidadosos y cumplan sus obligaciones con Dios.”
    ANIMACION Y CORTESIA
    Además de ser amigable uno debería ser cortés y animado, de manera que otra
    gente pueda gozar de su compañía. Su comportamiento social debería ser un signo
    de su cordialidad.
    El santo Profeta ha dicho: “La alegría remueve la malicia del corazón.”
    También dijo: “Hay dos rasgos de carácter que, más que ningún otro, conducen
    a mí ‘Ummah’ (comunidad) al Paraíso: la piedad y la cortesía.”
    En una oportunidad, hablando a los hashimitas (la gente de su clan) el santo
    Profeta dijo algo interesante: “Como ustedes no pueden ganar los corazones de
    todas las personas por medio de su riqueza, intenten ganarlos con maneras
    placenteras y corteses.”
    El Imam Al-Baqir (P) dijo: “La fe es más perfecta cuando se tiene mejores
    maneras y hábitos.”
    El Imam Al-Sadiq (P) ha dicho: “Las buenas costumbres disuelven los pecados
    de la misma manera que el sol derrite la nieve.”
    Al pedírsele que defina las buenas costumbres y hábitos, dijo: “Ser cortés,
    hablar de manera agradable y recibir a tu hermano en la fe con alegría.”
    “Las malas costumbres arruinan la fe de la misma manera que el vinagre
    corrompe la miel.”
    “Los malos hábitos no sólo causan inconvenientes a otros sino que una persona
    descortés se tortura a sí mismo”.
    “Una persona con malos hábitos se tortura a sí misma.”
    CUMPLIMIENTO DE LAS NORMAS DEL COMPORTAMIENTO SOCIAL
    Además de los principios generales en el comportamiento con los demás, que
    deberían estar basados en la cordialidad y la cortesía, han sido mencionadas ciertas
    reglas valiosas respecto a las normas de conducta por el Profeta (BP. y D.) y los
    Imames (P).
    Daremos algunos ejemplos.
    El Santo Profeta ha dicho: “Si alguno de ustedes simpatiza con un hermano
    musulmán, debería preguntarle el nombre de su padre y la familia a la que
    pertenece. Es necesario que conozcan las particularidades de su amigo. De otra
    manera la amistad no tiene sentido.”
    El santo Profeta ha descrito uno de los signos de la incompetencia de una
    persona en estas palabras: “Que una persona se encuentre con otra y quiera conocer
    quien es y de donde es, pero la deje antes de enterarse de ello.”
    Por lo tanto es uno de los principios de la conducta social que deberíamos
    presentamos nosotros mismos a quien recién conocemos y damos a saber
    mutuamente nuestros nombres y direcciones.
    Cuando dos personas conversan, su conversación debería ser cortés y
    agradable.
    Ha dicho el Santo Profeta: “Quien se muestra respetuoso y amable con su
    hermano musulmán y expresa sus temores desahogadamente mientras conversa con
    él, será bendecido por Dios.”
    Las normas del comportamiento convencional en el Islam incluyen el estrechar
    la mano del otro, sentarse respetuosamente y atender apropiadamente al visitante.
    El Santo Profeta dividió su atención equitativamente entre sus compañeros.
    Algunas veces miraba a uno y otras veces a otro. Nunca estiró sus piernas en
    presencia de otros. Si alguien le daba la mano el no retiraba la suya hasta que la otra
    persona lo hiciera. Después que la gente conoció su hábito al respecto, evitó
    estrechar su mano durante mucho tiempo.
    La misma práctica ha sido recomendada a otros. Si alguien te estrecha la mano
    no retires la tuya hasta que el otro haga lo propio. Igualmente, si alguien viene a
    verte, no te vayas hasta que la visita se vaya. Si alguien empieza a decirte algo,
    escúchale hasta que finalice.
    —Recepción y despedida.
    El santo Profeta ha dicho: “Si un visitante viene a donde tu estás, es su derecho
    que lo recibas afectuosamente y que le acompañes aunque más no sea unos pasos
    cuando se va.”
    Es parte de las buenas costumbres, aunque más no sea, unos pasos cuando se
    va.
    Es parte de las buenas costumbres acompañar a la visita cuando se va hasta el
    exterior de la casa, mostrando así respeto y cariño hacia ella.
    Ha dicho el Imam Al-Sadiq (P): “En una oportunidad el Comandante de los
    creyentes (el Imam ‘Alí) viajaba con un ‘dimmi’ (un no musulmán que se encuentra
    viviendo en un estado islámico bajo su protección) que no le reconoció y no sabía
    que era el califa. El dimmi le preguntó al Imam hacia donde iba. Este respondió que
    hacia Kufa.
    Cuando sus caminos se separaban, el dimmi advirtió que su compañero
    musulmán seguía aún con él. Entonces le preguntó: ‘¿No decías que ibas hacia
    Kufa?’ El Imam le dijo que efectivamente era así, y entonces el dimmi le dijo: ‘¿No
    te estás equivocando de camino?’ El Imam le dijo que conocía su camino por lo que
    volvió a preguntar el anterior: ‘¿Por qué sigues conmigo entonces?’ El Imam
    contestó: Es una regla de las buenas costumbres acompañar al viajero con el que se
    marcha junto cierta distancia cuando llega el momento de separarse. Eso es lo que
    ha dicho nuestro Profeta. Preguntó el dimmi: ‘¿Hay realmente tales instrucciones en
    el Islam?’, a lo que contestó el Imam que si. Dijo el dimmi: ‘Debe ser debido a esas
    buenas costumbres que la gente sigue el Islam de buena gana. Sirva como testimonio
    que yo abracé tu religión’.
    Después se volvió con el Imam hacia el camino que conducía a Kufa y tan
    pronto como supo que su compañero era el Imam ‘Alí, el Comandante de los
    creyentes, abrazó el Islam en su presencia.”
    —Humildad.
    De acuerdo a las enseñanzas islámicas, la humildad es una norma del
    comportamiento personal que ayuda al establecimiento de relaciones sociales
    saludables sobre la base de la cordialidad y el entendimiento. Nosotros ya hemos
    discutido la humildad y aprendimos que no significa un sentimiento de inferioridad
    e impotencia.
    Quien se auto humilla abofeteando su propia dignidad, va contra las
    enseñanzas del Islam.
    La verdadera humildad ha sido descripta en un relato del Imam AI-Rida (P):
    “La humildad tiene varios niveles. Uno de ellos es conocer exactamente los méritos
    propios y colocarse honestamente en el lugar correspondiente. Uno debería
    comportarse con los demás como le gustaría que se comporten con él. No se debería
    tratar mal incluso a quien se porta mal. Se debería contener la cólera, ser tolerante,
    perdonar. Dios ama al virtuoso.”
    Se relata que el santo Profeta ha dicho: “Quien es caritativo aumenta la propia
    riqueza. Por lo tanto da limosnas de modo que Dios pueda bendecirte. La humildad
    enaltece la posición de la persona. Se modesto para que Dios pueda exaltarte. La
    tolerancia hace a la persona honorable. Perdona, para que Dios pueda vestir sobre ti
    la honra.”
    En el relato de las costumbres y comportamientos del Profeta y los Imames,
    encontramos muchos ejemplos de su humildad. Pero sus hábitos nunca les abatieron
    o rebajaron. Solamente realzaron e intensificaron su popularidad y personalidad.
    Encontramos que su vestir era simple. Que su alimento era simple. Que
    acostumbraban sentarse con el pobre. Que eran los primeros en agradecer. En
    compañía del Profeta no había ninguna distinción de superior o inferior. El y sus
    compañeros se sentaban en círculo. Cuando caminaban no iba por delante de los
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    demás. Cuando se sentaba no permitía que nadie se quedara parado a su lado.
    Trataba a sus servidores como amigos. Nunca permitió a nadie que lo adulara o que
    lo tratara de manera más destacada que a un simple siervo de Dios. Participaba en
    los trabajos domésticos. Hacía sus compras por sí mismo. No llevaba en absoluto
    una vida ceremoniosa y con pompas. Incluso la persona más modesta podía hablar
    con él con completa libertad. Hablaba dulce y suavemente. Estaba siempre sonriente
    y era siempre cortés.
    Correspondencia
    Es parte de las costumbres islámicas mantenerse en contacto con los amigos que
    están lejos a través de una correspondencia amistosa.
    Ha dicho el Imam Al-Sadiq (P): “Para mantenerse relacionados con los
    hermanos en la fe se debería visitarloos cuando están en sus casas o escribirles
    cuando están lejos. Responder a una carta es una obligación como el responder el
    saludo.”
    También dijo: “Cuando dos personas se encuentran, la que saluda primero está
    más cerca de Dios y su Profeta.”
    —Respeto por los mayores y amabilidad con los menores.
    Dijo el Imam Al-Baqir (P): “Respeta a tus amigos. No se peleen. No se
    perjudiquen ni ofendan. No sean celosos. No sean avaros. Conságrense
    sinceramente a Dios.”
    Estas normas de buen comportamiento adquieren una forma especial
    dependiendo de la edad comparativa de la otra parte. Si uno se encuentra con una
    persona mayor debe mostrar el respeto debido.
    Ha dicho el Imam Al-Sadiq (P): “El respeto por una persona mayor es parte del
    respeto a Dios.”
    El santo Profeta ha dicho: “Quien respeta a una persona que ha vivido mucho
    tiempo como islámica y se ha hecho vieja será salvada por Dios del sufrimiento del
    Día de la Resurrección.”
    También dijo: “Cuando una persona mayor de la comunidad se te acerca,
    préstale el respeto debido.”
    Si la otra parte es más joven, se debe exhibir cariño y consideración. La misma
    norma se aplica a hermanas y hermanos. Los más jóvenes deben respetar y obedecer
    a los mayores y deberán comportarse respetuosamente en presencia suya. Los
    mayores deberán ser amables con los más jóvenes, quererlos y protegerlos.
    Ha dicho el santo Profeta; “Respeta a tus mayores y se amable con los jóvenes.”
    —Hospitalidad.
    Una de las normas del comportamiento social islámico es la hospitalidad. En
    las fuentes islámicas nos encontramos con abundantes tradiciones animando a esta
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    cualidad valiosa. La recomendación. Hecha por el santo Profeta a su hija Fátima Al-
    Zahra (P.), incluía ésta; “Quien crea en el Día de la Resurrección debería tratar a sus
    huéspedes con hospitalidad.”
    “El mejor de ustedes es quien alimenta a la gente, le saluda en voz alta y a la
    noche reza cuando otros duermen.”
    Leemos en la descripción de la vida del santo Profeta (B. P. y D.) y los Imames
    que ellos tenían mucho interés en recibir huéspedes. Frecuentemente tenían, visitas
    en sus comidas. Algunos de ellos, como el Imam Hasan Al-Muytaba (P) mantuvo
    agradables casas para los huéspedes, donde recibía a gran cantidad de gente todos
    los días.
    Recibiendo huéspedes y mostrándose hospitalario con ellos uno enaltece su
    sociabilidad, aumenta el círculo de amigos, hace esfuerzos financieros y comparte
    su riqueza y honores con ellos. Todas estas cosas son deseadas por el Islam. Por
    supuesto, existen instrucciones aparte respecto a la alimentación del hambriento y
    la ayuda al necesitado. Estas acciones han sido vehementemente impulsadas por el
    Islam.Además de la hospitalidad normal, hay ciertas ocasiones especiales en la que
    los huéspedes son invitados y agasajados. Tal recepción es llamada “ualímah”. El
    santo Profeta (B. P. y Desc.) dijo: “La ualímah (fiesta y recepción con comida) se
    ofrece solamente en cinco ocasiones: en las bodas de alguien, al nacimiento de una
    criatura, ante la circuncisión, por la construcción de una casa nueva y al regreso de
    una peregrinación a la Meca.”
    DISPONIBILIDAD PARA EL TRABAJO SOCIAL
    No hay dudas que cuando varias fuerzas se reúnen se vuelven más efectivas.
    Muchos grandes trabajos no pueden ser realizados con el esfuerzo de un solo
    individuo, especialmente en los tiempos actuales cuando se desarrollan las
    relaciones colectivas y los trabajos tienden a ser más complicados y minuciosos o
    especializados.
    El pequeño capital no puede competir con la empresa gigante. Las fuerzas
    divididas son sometidas por los grandes poderes. La más elevada investigación
    científica no puede fructificar sin la cooperación y coordinación. Los servicios y las
    actividades sociales en gran escala no son practicables con los recursos humanos
    dispersos y capitales limitados.
    Acciones como el patronazgo de un orfanato, proveyendo alimento a unas
    pocas personas necesitadas, o educando a unos pocos chicos en una escuela
    modesta, disponiendo alguna enseñanza o guía individual, podría haber sido
    considerado en el pasado como un logro, pero en la época moderna de competición
    tal solidaridad y pasos limitados no pueden ser considerados adecuados.
    En nuestros tiempos se requiere la enseñanza, preparación y organización
    cooperativa y científica para producir efectos constructivos de nivel en la sociedad.
    Por lo tanto, la gente perspicaz debería, además de hacer esfuerzos
    individuales, dar pasos positivos en el trabajo colectivo y adquirir también un
    sentido de responsabilidad. Tales esfuerzos deberían ser hechos como grupo.
    Pre requisitos para el trabajo colectivo
    1. —Un objetivo y una política
    Las personas que quieren trabajar juntas deben conocer claramente a lo que
    apuntan por medio del trabajo que van a realizar. Antes que nada deben saber que
    quieren y luego perseguir su objetivo con comprensión, confianza e interés. Si el
    objetivo no está predeterminado cada uno irá por un camino e implementará sus
    propias ideas. El resultado será muy probablemente la confusión y la desintegración.
    Tener un objetivo definido no es necesario solamente para el trabajo colectivo
    sino que también es necesario para las actividades individuales. Si una persona elige
    una materia para su ilustración, recoge un libro para estudiar, decide hacer un viaje,
    elige una profesión o visita a alguien, debería saber por qué y para qué está haciendo
    eso. Una actividad sin objetivo significa perdida de tiempo y esfuerzo y confusión
    en la propia vida.
    Esta es la situación en el caso de la actividad individual. En lo que concierne al
    trabajo colectivo, resulta más necesario, tener un objetivo definido, porque en este
    caso el tiempo, la energía y el capital de mucha gente estará involucrado y entonces
    la falta de objetivo causará una pérdida más grande.
    Por lo tanto, para un trabajo colectivo es esencial un claro objetivo aceptado por
    todos los que cooperan en una tarea.
    Además, todo el grupo organizado debe tener la misma política, en el sentido
    que deben haber predeterminado la manera y media; de alcanzar su objetivo,
    mencionando los mismos en un programa o estatuto.
    Supongamos una organización social que apunta a la orientación intelectual de
    la sociedad y que todos sus organizadores acuerden con este objetivo. Aún falta
    conocer como intentan llevar a cabo el servicio propuesto. ¿Lo llevarán a cabo a
    través del establecimiento de escuelas y academias, o publicando libros y panfletos,
    o dando conferencias y seminarios, etc.? Y en cada caso, ¿cuál será el nivel de su
    actividad y cómo se iniciará el trabajo? Sobre todos estos puntos los organizadores
    deben tener una posición unánime.
    2. —Reconocimiento de las limitaciones propias y de los demás.
    Comúnmente la gente no está preparada para abrirse hacia los demás y tenerlos
    en cuenta. Todos piensan que comprenden todas las cosas y están preparados para
    hacer un trabajo. En el momento de la división de responsabilidades, por ejemplo
    para la elección del cuerpo ejecutivo, el director o gerente, cada uno piensa que es la
    persona adecuada para ese puesto.
    El santo Profeta dijo: “Quiera Dios bendecir a quien conoce su valía y su
    posición y no va más allá de sus límites.”
    Uno debería ser bastante valiente como para admitir que tiene ciertas falencias
    y no puede afrontar ciertas responsabilidades. Esa persona admitiría que otra es
    mejor y, por ejemplo, tiene una mejor capacidad de dirección, puede tomar
    decisiones más firmes, es más aplicado o tiene una perspectiva más amplia. Si hay
    un grupo de gente donde cada uno conoce su posición y reconoce los puntos débiles
    y fuertes propios y de los demás, es más fácil poner cada pieza en su lugar apropiado
    y distribuir las responsabilidades sobre la base de la competencia de cada uno. En
    tal caso la estructura resultante de la mutua cooperación del grupo será mucho más
    importante.
    3. —Justa valoración del trabajo propio y del trabajo de otros.
    Unas cuantas personas pueden lograr éxito conjuntamente en su trabajo y
    construirse gradualmente una posición. En este caso es necesario reconocer los
    factores afectivos en el éxito y apreciarlos. No será correcto que cada uno asegure
    que el progreso se debe a su iniciativa e ignore los esfuerzos hechos y los problemas
    enfrentados por los demás. También es erróneo condenar y criticar a otros por cada
    fracaso o parálisis del trabajo. Se debería ser justo, realista e impersonal. Si se prueba
    que uno es responsable de un fracaso, debería mejorar y enmendar el error cometido
    o hacerse a un lado y dejar el lugar a una persona más competente. Si se encuentra
    que alguien es responsable y capaz de hacer más cosas, se debería exigir que se le de
    una mejor preparación para ello. Este juicio debería ser imparcial aunque se vean
    envueltos amigos o parientes muy cercanos.
    Dice el Corán:
    “¡Creyentes! Sed íntegros ante la justicia, cuando depongáis como testigos de Dios, aún
    en contra vuestra, o de vuestros padres o parientes más cercanos”. (4:135)
    El papel efectivo y constructivo de los individuos debería ser siempre apreciado
    de manera que los valores florezcan mejor, los esfuerzos positivos rindan frutos y
    sea logrado un progreso mayor.
    De otro modo, no teniendo en cuenta a las personas eficientes, o promoviendo
    a simuladores o intrigantes, o sacando ventajas indebidas del trabajo de otros, el
    verdadero trabajador gradualmente se descorazonará y perderá interés con la
    resultante de que en un plazo dado toda la maquinaria quedará en un punto muerto
    y la asociación o grupo se desintegrará.
    4. —Abstención del egoísmo y la terquedad.
    El egoísmo es una gran calamidad para el trabajo colectivo. Una persona que
    no presta atención a los puntos de vista de otros y piensa que las reuniones
    solamente ella tiene derecho a hablar, mientras que otros tienen que escuchar y
    respaldar las decisiones tomadas por ella, quedará sola. En caso de que tenga mucha
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    influencia, someterá a otros contra su voluntad. En tal caso el trabajo será el de un
    individuo y no un trabajo colectivo. Las demás personas serán solamente sus instrumentos
    y funcionarios y no partícipes de un trabajo asociado.
    Pero si todos reconocen los derechos de los demás y respetan sus opiniones, Y
    todas las ideas y fuerzas son puesta en común, el conjunto se animará e interesará
    activamente, y el trabajo se volverá realmente colectivo.
    5. —Respeto a la opinión mayoritaria.
    En cualquier caso que los individuos sean requeridos para que expresen su
    opinión sobre alguna cuestión, es deber de todos sopesar apropiadamente todos sus
    aspectos y después formarse una firme opinión. Una vez que se ha hecho eso, se
    debería ser capaz de defender y explicar el punto de vista adoptado. Incluso si el
    resultado de una votación va contra alguien éste debería someterse a la opinión
    mayoritaria y cooperar sinceramente en la implementación de la decisión tomada.
    Es erróneo tener una actitud negativa. Sin duda es difícil actuar contra las propias
    opiniones e inclinaciones, pero se debe dar preferencia al interés colectivo sobre el
    interés individual para que no sea el trabajo el que sufra las consecuencias.
    Es obvio que el principio de apoyar la opinión mayoritaria es válido solamente
    en los casos de cuestiones que se someten a votación y donde la opinión de la
    mayoría no contradice los principios básicos ratificados por todos los miembros en
    el comienzo de su entendimiento. Sin embargo, si la opinión mayoritaria viola los
    principios básicos, carece de valor.
    Supongamos algunas personas que reunidas construyen una empresa
    industrial y en su programa dejan asentado que su organización no hará ningún
    paso contrario a las normas islámicas. En este caso, si deciden hacer algo que
    definitivamente va contra la ley islámica, su decisión aunque sea unánime, será nula
    e inválida. Sin embargo, si la decisión se conforma en todo a los principios
    acordados, pero no le cae bien a uno o varios individuos, entonces debe prevalecer
    la opinión de la mayoría y su decisión debería ser implementada, porque desde el
    comienzo todos los miembros aceptaron como correcto implementar la opinión de
    la mayoría. En ese caso nadie tiene derecho a no cooperar una vez que se tomó y
    ratificó la decisión.
    La elección para los distintos puestos y oficios debería estar libre de toda,
    parcialidad y nepotismo. Lo adecuado y conveniente debería ser el único criterio.
    Una vez que se hayan hecho elecciones libres y limpias es el deber de todos los
    miembros cooperar con quienes han sido elegidos y darles un sincero apoyo, incluso
    aunque el resultado de la elección vaya contra sus deseos personales.
    Aplicando detalladamente los principios enunciados observamos que la
    condición básica para el éxito de cualquier trabajo colectivo, además de la fe en el
    objetivo y el criterio de responsabilidad, es el autocontrol y la lucha contra el
    egoísmo. Una persona extrovertida que se respeta a sí misma, dotada de fuerza de
    voluntad, puede participar siempre en un trabajo colectivo. Este trabajo lo preparará
    para ser provechoso a la sociedad y a sí mismo.
    En una oportunidad cuando los musulmanes volvían de un fiero combate, el
    Profeta Muhammad (P) les pidió que se preparen para el Yihád mayor (Al-Yihád Al-
    Akbar: el gran combate por la Causa de Dios). Los combatientes gritaron
    asombrados: “¿Qué otro yihád (lucha) hay?”. Y el Profeta (B .P. y Desc.) dijo: “El
    Yihád contra vuestros propios egos.” (Tal es el Al-Yihád Al-Akbar).
    AL-YlHAD AL-AKBAR
    La vida humana iluminante y constructiva no tiene otro sentido que el esfuerzo
    enérgico y la lucha por la perfección gradual, una vida mejor y el establecimiento de
    una sociedad perfecta.
    Comer y dormir, edificar y destruir, esforzarse día y noche para satisfacer el
    estómago, mientras se vive bajo la sombra de las bayonetas, no participando del
    conocimiento y la perfección, de la cultura, el avance y desarrollo de las facultades
    morales, no se puede llamar una vida honorable. De acuerdo al tercer líder
    revolucionario de la escuela shi‘ita, el (tercer) Imam Al-Husain, “La vida no es sino
    fe y yihád.”
    —Yihád por amor a la fe y la creencia;
    —Yihád por la libertad y la independencia;
    —Yihád por la restauración de los derechos perdidos;
    —Yihád por la asistencia a los desvalidos y oprimidos;
    —Yihád por la perfección gradual, la cultura, el conocimiento y la virtud, y
    finalmente,
    —Yihád contra el propio egoísmo, que es la más importante y de acuerdo al
    santo Profeta del Islam, este es el Yihád Al-Akbar (la lucha mayor).
    En principio, el objeto para el que fueron hechos surgir los grandes Profetas y
    que constituyó la misión del Profeta del Islam, ha sido la protección de la ética
    correcta, el nutrir el alma humana, el intelecto y la voluntad y guiar al ser humano
    hacia la luz, la cultura y la elevación. A los ojos del santo Profeta del Islam la
    preparación y edificación de un ser humano es de una gran importancia y más
    valiosa que cualquier otra cosa sobre la que brilla el sol. Igualmente, de acuerdo al
    Sagrado Corán, la grandeza del ser humano y su personalidad yace en superar a
    otros en virtud y piedad.
    Desde el punto de vista del Islam la importancia de luchar contra las propias
    pasiones yace en el hecho de que la vida humana ordenada y correcta depende de
    esa lucha. Si la vida se debiera mover solamente alrededor de los valores materiales
    no tomando parte en ella la espiritualidad y las altas cualidades morales, empujaría
    al hombre cada vez más hacia la mala suerte, la falta de contención, la violación de
    las leyes, la intranquilidad mental y la desconfianza de unos hacia otros, lo cual lo
    sumergiría en el abismo de la destrucción. Se desarrollarían en una persona así el
    salvajismo, la barbarie y la agresión, y en consecuencia los descubrimientos
    científicos, inventos y despliegue industrial en vez de ser utilizados para el confort,
    la libertad humana y la reducción de los trabajos pesados, se volverán herramientas
    para la promoción de los objetivos e intereses de los codiciosos y egoístas, y será
    utilizado para esclavizar y engañar a las masas y destruir a las naciones
    desprotegidas. Esta situación ya está prevaleciendo en el mundo moderno, el cual
    basó su vida en el materialismo exento de cualidaddes humanas y principios
    humanos. Vemos que la civilización de la mecánica, del mejoramiento tecnológico,
    del descubrimiento del átomo, de la manufactura de satélites, de la conquista del
    espacio, del descenso del hombre en nuestro satélite (la luna), y otros logros similares,
    no solamente no han disminuido la barbarie y el salvajismo y las actitudes
    brutales del ser humano, y no ha curado ninguno de los padecimientos de la
    sociedad, sino que han aumentado la inquietud, el infortunio, el engaño, la
    desprotección y la perplejidad del género humano. Nuevos descubrimientos
    científicos han hecho que el demonio de la guerra y el dominio sangriento de la
    sociedad alcancen un grado mayor si lo comparamos con la época bárbara y la vida
    en las cavernas, llevando al mundo al borde de una guerra destructiva total.
    Todos los recursos de las grandes potencias son dedicados a la manufactura y
    mejora de armas cada vez más sofisticadas.
    En el pasado la oscuridad de la noche separaba los dos ejércitos y detenía la
    lucha, pero hoy día gracias al tremendo desarrollo de la industria y la mecánica la
    guerra no hace distinción de día, noche, mes o año. Las operaciones militares ya no
    se restringen a los campos de batalla. Mientras que de acuerdo al comunicado de
    una reciente conferencia de Organizaciones No Gubernamentales para el Desarme
    800 mil personas perdieron la vida en 29 guerras entre 1820-1859, el número de los
    muertos durante los últimos 40 años del siglo XIX en 106 guerras alcanzó la cifra de
    4.600.000 y en los primeros 50 años del presente siglo —siglo del átomo y de la
    conquista del espacio— el número de los muertos en 117 guerras en todo el mundo
    excedió los 42.500.000. Mientras que durante la segunda guerra mundial se usaron
    2 millones de toneladas de bombas, los imperialistas norteamericanos arrojaron
    solamente en Vietnam 7 millones de toneladas de bombas y 90 mil toneladas de
    ingenios químicos. Sin embargo, los soviéticos han intervenido después en
    Afganistán y las atrocidades que cometieron en ese país se suman a la lista de
    crímenes de los superpoderes. Miles de hombres, mujeres y niños han sido asesinados,
    y más de tres millones se han quedado sin vivienda. Las deplorables
    condiciones creadas por estos poderes en el Medio Oriente, África, el Lejano Oriente
    y América Latina, también son bien conocidas y los musulmanes informados y
    vigilantes no son inconscientes de ello.
    EE.UU. asegura ser el campeón del humanitarismo y la Unión Soviética asegura
    apoyar al proletariado. Sin embargo, la humanidad ha sufrido lo peor a manos de
    los Estados Unidos y la Unión Soviética ha hecho el perjuicio más grande al
    proletariado.3
    Actualmente la sociedad se enfrenta a una especie de aturdimiento y
    consternación. Está en un estado melancólico y ansiosa por encontrar una salida a
    los dilemas insoportables que han sido creados por la vida mecanizada. El siempre
    creciente número de suicidios, disturbios y crímenes con algo de insanía, la creciente
    incidencia de la demencia y la aparición de bandas con los nombres de Los Beatles,
    hippies y muchos otros, confirman el hecho de que la vida mecaniza basada en el
    materialismo y exenta de valores morales y espirituales no puede hacer feliz al ser
    humano y conducido a la meta de la virtud la tranquilidad y la satisfacción mental.
    Es cierto que la elevada capacidad de la industria y tecnología moderna puede
    construir satélites artificiales, conquistar el espacio y enviar al hombre a la luna, pero
    no puede formar y nutrir al hombre. En contraste, fortalece los deseos sensuales y
    las tendencias animales conduciendo a la sociedad cada vez más hacia la vida
    materialista y corrupta. Esta fuerza descontrolada a menos que sea limpiada por la
    espiritualidad del Islam, los atributos humanos esenciales y las cualidades morales,
    es decididamente dañina para la sociedad. Como se puede observar, se agrega a los
    temores y dificultades del ser humano.
    El Dr. Alexis Carrel dice que podemos percibir muy bien que contrariamente a
    todas las esperanzas y expectativas que la humanidad había fijado en la civilización
    moderna, aún no ha producido personas valientes y pensadoras que pudieran
    guiarlas a través de los peligrosos caminos que se había largado a transitar. La
    existencia humana aún no se ha desarrollado en proporción al tamaño de las
    instituciones que ha creado. Particularmente la debilidad moral e intelectual y la
    ignorancia de las personas en el poder amenazan el futuro de nuestra civilización.
    Si Galileo, Newton y Lavoisier hubiesen dedicado sus energías al estudio del cuerpo
    y alma humana, nuestro mundo hubiese sido realmente distinto hoy día. En
    realidad, el hombre merece más importancia que cualquier otra cosa porque con su
    deterioro la belleza de la civilización e incluso la grandeza del mundo de las estrellas
    se pierde.
    Además de poseer una importancia especial para la propia vida humana
    ordenada, la lucha contra los deseos básicos también juega un papel importante en
    el movimiento anticolonialista. Se puede decir que otros combates sagrados
    dependen en gran medida de ello. Y mientras el ser humano no consigue la victoria
    en la lucha contra sus propias pasiones, difícilmente pueda triunfar en los otros
    combates.
    Esto es así porque en su lucha contra otros —siempre que sea por una causa
    sagrada y específica— debe tener un claro sentido de la necesidad del sacrificio,
    constancia, armonía, confianza y otras cualidades que son requisitos previos. Y ello
    no es posible si no poseen auto confianza. Y suponiendo que adquiera esas
    cualidades, siempre tenderá a la traición y a colapsar como consecuencia del más
    pequeño incidente si las mismas no se fundamentan en una firme y sólida
    infraestructura.
    Una persona que no puede luchar contra su egoísmo, que no puede sofrenar
    sus deseos básicos y no puede controlar su espíritu lascivo, en resumen, no puede
    auto formarse, no será capaz de dejar a un lado los beneficios personales en
    consideración de su ideología y fe. En otras palabras, un musulmán debería:
    —Ser indiferente a todo rango y posición
    —Abstenerse del egoísmo, el engreimiento y la ostentación.
    —Refrenarse de hacer acuerdos en secreto con el enemigo.
    —No traicionar a sus compañeros.
    —Ser sincero con sus colegas y los pactos hechos con ellos considerarlos
    sagrados.
    —Refrenarse de atacar a sus amigos y camaradas con las armas que deben ser
    usadas contra el enemigo.
    —Desistir de engreírse y exceder sus límites a la hora de la victoria.
    —Refrenarse de herir por la espalda.
    —Contenerse de la debilidad en su combate.
    —Ser congruente, etc.
    Y no debería:
    —Perder el ánimo frente a la falta de éxito.
    —Ser celoso de sus compañeros de trabajo si ganan popularidad y lo superan.
    —Permitir el obstruccionismo y el sembrar discordias.
    —Entregarse o rendirse.
    —Tener ningún tipo de secreto entendimiento con el enemigo.
    —etc., etc.
    Estas nobles y sobresalientes cualidades humanas pueden ser adquiridas
    solamente por la formación del carácter y la lucha contra los deseos básicos. Quien
    no está equipado y armado con estas cualidades, carece de la clave del éxito. Puede
    ser conocido por su valentía e intrepidez, pero cuando realmente va al campo de
    batalla, no puede alcanzar éxitos reales, incluso aunque no enfrente la derrota y la
    desgracia.
    Como se ha dicho: “Para enfrentar el combate no es suficiente ser un
    revolucionario. También se requieren un fervor inmenso y una firme
    determinación.”4
    Sabemos que el primer paso dado por los revolucionarios, los lideres de las
    masas y los guías de la humanidad que surgen para defender la causa de la libertad
    y el bienestar de la sociedad, el establecimiento de la seguridad y la justicia y la
    presentación de una sistema político y social perfecto, ha sido siempre la unidad de
    los individuos, instruyéndolos en este sentido. Despertaron la conciencia de las
    masas e hicieron de la clase, la fe o ciertas personas una presentación de la que
    después se valieron como fundamento de sus movimientos y propaganda.
    Al comienzo de su misión profética el gran salvador de la humanidad el Profeta
    del Islam, con el objeto de anular la fe en principios y dogmas falsos, dirigió sus
    esfuerzos especialmente a persuadir a las masas a luchar contra sus malos deseos, a
    desarrollar una moral buena y a revivir en sus corazones la fe en Dios que es la
    fuente original de todos los valores, virtudes y cualidades humanas. Somos
    concientes de las grandes acciones realizadas y los logros alcanzados; por aquellos
    que recibieron su preparación en la escuela del gran Profeta del Islam, quienes
    desarrollaron una fe genuina en Dios y en la ideología islámica. Sabemos de los
    recuerdos gloriosos que han dejado en historia.
    Rango y posición, propiedad y riqueza, mujeres e hijos, facilidades y confort,
    no podían disuadirles de permanecer firmes y sacrificarse por la causa anhelada. La
    historia registrado vida y hechos de quienes recibieron su preparación en la escuela
    revolucionaria del Corán. Nos cuenta de muchos que dejaron la calidez del
    matrimonio recién constituido para ir al campo de batalla, donde voluntariamente
    hicieron el sacrificio supremo por la causa del Islam.5
    La asombrosa e instructiva reacción del gran revolucionario de la historia, el
    Imam ‘Alí ibn Abi Talib, debido a la rudeza exhibida a él por su enemigo, hace que
    el hombre sensible le admire e incline su cabeza en reverencia. El Imam ‘Alí (P)
    enseña a la gente una lección de auto control de !as pasiones y sinceridad en la
    acción. Contra la insolencia del enemigo derrotado el Imam ‘Alí (P) en vez de llevar
    su espada con mayor vigor contra el mismo y cortarle la cabeza a fin de calmar su
    cólera, la deja a un costado y mientras su cólera no se apacigua no ejecuta al enemigo
    porque no quiere mezclar su propia pasión con una tarea que cumple en
    consideración de su objetivo ideológico. Actuó así porque la divisa de la vida La
    iláha illal-láh (no hay más dios que Dios), en la que creía y por lo que recurrió al
    “yihád” para hacerla universal, niega la asociación de cualquier factor exterior al
    objetivo doctrinal y declara nula toda acción en la que se introducen otras cosas
    además de Dios y las consideraciones ideológicas.
    Lá iláha illal-Láh es una divisa única. Estimula a los seguidores del Islam y niega
    cualquier otra cosa que no sea la Realidad Única. Adoptando esta consigna y por
    medio de la lucha contra los malos deseos y a través de la adquisición de elevadas
    cualidades morales en la escuela del Santo Profeta del Islam, los primeros
    musulmanes fueron capaces de hacer pedazos el velo de la ignorancia y el
    oscurantismo, a la vez que de adquirir conocimiento, independencia, libertad,
    mejoras y cultura. Con un esfuerzo comparativamente menor obtuvieron la victoria
    sobre dos grandes imperios de esa época (el persa y el romano), dando la
    independencia, libertad de aprendizaje, conocimiento, civilización y distinción a los
    pueblos que esos imperios cautivaron y oprimieron.
    Esta es la descripción del ser humano islámico como se puede dar dentro de la
    estructura de este trabajo, por cierto limitado.
    Es un ser humano sensible, realista, resuelto, que conoce la naturaleza y la
    acepta. Es un ser humano que cree en Dios, el Todopoderoso, el Sabio y el
    Misericordioso. Que lo ama a El, que busca Su guía y que siempre está dispuesto a
    ir por el camino que El quiera.
    Es un ser humano que se encuentra ligado a la verdad y la eternidad. Ve el
    próximo mundo, que es una manifestación del premio eterno de sus propias obras
    y esfuerzos, como su destino último. Por eso se considera responsable de todos sus
    actos, tanto individuales como sociales.
    Es un ser humano que valora sus ideas y experiencias como así también la de
    otras personas experimentadas y estudiosas, a la vez que está familiarizado con la
    revelación (uahí), una fuente de conocimiento más elevada. Determina su forma de
    vida tomando en cuenta todas las fuentes entre las que no encuentra
    contradicciones.
    Es un ser humano conciente de su rol creativo en la naturaleza y en la sociedad,
    y que aprendió que la misión de auto formarse es una gran misión y un tesoro
    valioso que ha sido confiado a él. Si quiere continuar como ser humano, tiene que
    ser cuidadoso y observante de esta misión y confianza.
    Es un ser humano que, en tanto reconoce plenamente el rol efectivo de las leyes
    de la sociedad en la formación de los individuos, sabe también que la persona, a
    diferencia de otros seres, está dotada con una superioridad interior incomparable y
    es capaz de moldearse como desea. En otras palabras, se hace a si mismo.
    Es un ser humano cuyo hacerse a sí mismo no sólo lo lleva a los mejores y más
    valiosos estadios de la perfección, sino que también le prepara para reconstruir su
    entorno. En otras palabras, su auto formación y la reconstrucción del entorno son
    complementarios uno de lo otro.
    Es un ser que se auto forma, quien de acuerdo con las auténticas normas
    islámicas construye su conciencia y por medio de una voluntad entusiasta, una firme
    disposición, un alma poderosa y un buen carácter moral, controla su egoísmo y sus
    pasiones. Para obtener la complacencia de Dios ama servir a la humanidad y con ese
    propósito no sólo se sacrifica, sino que también busca la cooperación de quienes
    tienen una meta común y una política común a la suya, la que precisamente los lleva
    a unirse y convertirse en una comunidad activa y efectiva.
    El ser humano islámico por medio del uso de esas normas y adoptando la
    manera de vida islámica, se prepara para reconstruir su entorno social y
    transformarlo en un medio ambiente iluminado por la luz del Islam, provisto de la
    justicia y la virtud, en el hogar, la familia y la sociedad, acompañado por una
    valoración correcta de los factores moral, espiritual, cultural, económico y
    administrativo.
    Ahora te corresponde a ti, querido hijo del Islam, que tomes las verdaderas
    características de la sociedad islámica y te formes en consecuencia.
    Fuente: libro INTRODUCCION A LA COSMOVISION DEL ISLAM
    Editorial Elhame Shargh
    Fundación Cultural Oriente

    www.islamoriente.com

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    1] Alí Ibn Al-Husain, con él sea la Paz, hijo del tercer Imam Al-Husain (P), el mártir de Karbalá. Aparte de Al-Sayyád (“el que se prosterna con frecuencia”), recibió otros apodos por la intensidad de su devoción: Zainu-l-‘Abidín (“Ornato de los siervos -de Dios-”), Saiid Al-Sáyidín (“Señor de los que se prosternan –en oración ante Dios-”), etc. Vivió en una época de persecución a la descendencia del Profeta (B. P. y Desc.), inmediatamente posterior a la masacre de Karbalá, por lo cual debió difundir sus enseñanzas de manera velada. Se conservan de él una colec­ción de súplicas llamada “Sahifat Al-Sayyadíiat” que son un tesoro inagotable de sabiduría que ha nutrido y sigue nutriendo a todos los musulmanes. De esta forma, mediante súplicas, el lmam Zainu-l-‘Abidín continuó en la transmisión de la ense­ñanza islámica verdadera pese a los opresores. (Nota del Editor).

    [2] Muhammad Ibn Alí, el quinto Imam, hijo de Alí Zainu-l-‘Abidín, apodado Al-Baqir (“El enjundioso -en la ciencia y el conocimiento-”). Tuvo muchos dis­cípulos a los que instruyó en las ciencias islámicas y la tradición, preparando el camino para su hijo, el lmam Ya’far Al-Sadiq (P.), con quien se afirmó definitiva­ mente la enseñanza de la escendencia profética. Vivió entre los años 57 y 114 de la Hégira (676-733 D. C.). Su tumba se encuentra en la ciudad de Medina. (Nota del Editor).

    [3] Y los principales estados musulmanes, en vez de esforzarse por asegurar el bienestar de la humanidad y la dignidad del Islam, prefirieron convertirse en satélites de las superpotencias. Así son pisoteados los valores humanos y se vino retardando el avance del Islam. De todos modos, los días de los hipócritas están contados. La comunidad musulmana también ha despertado y no tolerará a los traidores y falsos por mucho tiempo más.

    [4] “La guerra del azúcar en Cuba”, Pág. 145.

    [5] Tales sacrificios fueron hechos por muchos musulmanes durante los pri­meros tiempos del Islam. Sin embargo la historia se repite y muchos jóvenes han entregado su vida por el revivir del Islamdurante la reciente revolución islámica en Irán.