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    El IMAM ‘ALI (el Príncipe de los Creyentes)

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    El IMAM ‘ALI (el Príncipe de los Creyentes)
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    El IMAM ‘ALI (el Príncipe de los
    Creyentes)
    «Aux Sources de la Sagesse»
    Vol.4 nº 13 – 1997. Francia
    Traducción: Hanna Moreno
    La vida de los hombres destacados ha sido estudiada y relatada con el
    fín de que la gente pueda aprender de ellos y comprenda las leyes de la
    historia. En el caso de los Imames (P), aparte del interés general que
    representa su biografía, aprendemos además quiénes fueron esos hombres,
    por qué generación tras generación, los musulmanes les profesan un amor
    y un respeto infinitos, ya sea con relación a su carácter, su comportamiento
    o su sabiduría. Ellos representan la vía de la integridad y la rectitud en un
    mundo sometido a toda clase de injusticias. Son ejemplos y el estudio de
    su biografía procura unos beneficios incalculables, tanto para los
    musulmanes como para aquellos que buscan la justicia y la libertad.
    1.- LA VIDA DEL IMAM
    El Imam ‘Ali (P) tuvo que hacer frente a unas pruebas y sufrimientos
    infinitos, tanto a lo largo de su vida como después de su muerte.
    Recordemos a este respecto que en tiempos de Mu’awiia (el primer califa
    Omeya que reinó del 661 al 678), se prohibió pronunciar su nombre, relatar
    hechos de su vida, fue insultado durante las oraciones desde lo alto de los
    minaretes del Islam al cual dedicó su vida. Pero la verdad siempre sale a la
    luz, a pesar de la alteración, la mentira, el disimulo, gracias a la solicitud
    divina, a los Imames infalibles, pero también a la memoria de los fieles
    que, superando todas las dificultades del régimen Omeya, consiguieron
    transmitir lo que sabían y juzgaban indispensable para la vida de los
    musulmanes.
    a.- Infancia y período en Meca.
    El Imam ‘Ali (P) nació el 13 de Rayab, doce años antes del comienzo de
    la revelación del mensaje del Islam al noble Profeta (BP), en el interior de la
    Kaaba. Sólo tenía seis años cuando una terrible crisis económica sacudió la
    ciudad del Quraish y Abu Talib, el padre del Imam, fue duramente
    afectado. Por una parte, tenía una familia numerosa y su situación social le
    exigía que su casa estuviese abierta a todos los necesitados y los huéspedes
    de paso. Es entonces cuando Muhammad (BP) y su tío Al-Abbas

    (respectivamente sobrino y hermano de Abu Talib) fueron a verlo y le
    propusieron ayudarle tomando a su cargo dos de sus hijos: Muhammad
    (BP) se encargó de ‘Ali (P) y Al-Abbas de Yáfar.
    A la edad de seis años, ‘Ali fue educado por Muhammad (BP). En el
    sermón de al-Qasi’a, el Imam describió la forma en que se hicieron cargo
    de él: «Conocéis mi posición respecto al Mensajero de Allah (BP), mi proximidad
    a él, mi estatus particular. Me cogía en sus rodillas cuando yo era aún pequeño,
    me abrazaba, me arropaba en su cama, tocaba su cuerpo, respiraba su perfume,
    masticaba el alimento antes de dármelo para tragar, nunca me vio mentir, ni obrar
    de manera tonta… Yo lo seguía como una cría de camello sigue a su madre, cada
    día me hacía descubrir un nuevo aspecto de su carácter y me ordenaba tomarlo
    como ejemplo».(1)
    Fue así como el Mensajero de Allah (BP) cuidó de su educación,
    inculcándole las cualidades morales necesarias, formándolo en una vida
    espiritual elevada. ‘Ali fue el único en seguir al Mensajero (BP) en su retiro
    en Hira’. El Imam dijo: «Yo oía el grito de Shaitán cuando la revelación
    descendió sobre el Mensajero (BP), dije: ¡Oh Mensajero de Allah! ¿Qué es
    lo que grita?» él (BP) respondió: «Es Shaitán que desespera. Tu oyes lo que
    yo oigo, ves lo que yo veo, pero tú no eres profeta, tú eres ministro, y estás
    en la verdad»(2).
    Cuando el Profeta (BP) recibió la revelación y su misión, se lo
    comunicó a Jadiya, su esposa y a ‘Ali. No lo invitó al Islam porque ya
    estaba en él pues nunca formó parte de los yahilin. Le informó de su misión
    y ‘Ali simplemente le dijo que creía en ella con toda certeza. Comenzó
    entonces a recibir del Profeta (BP) las enseñanzas del Islam, a ejecutarlas y
    a materializarlas. A medida que se transmitía la revelación aprendía los
    detalles de los juicios y las responsabilidades que debía asumir. Cuando se
    ordenó al Mensajero de Allah (BP) advertir y transmitir el mensaje a sus
    próximos, fue ‘Ali el encargado de invitar a los miembros del clan a una
    comida. Invitó a cuarenta hombres del clan de los Banu ‘Abdul-Muttalib y
    después de la comida, el Mensajero (BP) anunció la revelación. Dijo: «¡Oh
    hijos de ‘Abdul Muttalib! no conozco a ningún hombre de entre los árabes
    que haya traído para su pueblo nada mejor que lo que yo os he traído. Os
    traigo lo bueno de esta vida y de la otra y Allah me ha ordenado llamaros
    hacia Él. ¿Quién de entre vosotros quiere convertirse en mi hermano, mi
    regente y mi sucesor?» Abu Lahab le amenazó mientras que Abu Talib lo
    acogió favorablemente diciendo: «Haz lo que se te ha ordenado, y te
    protegeré». El mensajero (BP) hizo la pregunta una segunda y una tercera
    vez, pero nadie le respondió. ‘Ali se levantó y dijo: «¡Yo seré tu apoyo, oh

    Profeta de Allah!» El Mensajero se volvió hacia él y le dijo: «Siéntate, tú eres
    mi hermano, mi legatario, mi ministro y mi sucesor»(3).
    Después de la muerte de Abu Talib, los ataques de los Quraishitas
    contra el Mensajero (BP) y sus seguidores se aumentaron. El Mensajero
    (BP) tuvo que pasar por la prueba de la muerte de su esposa Jadiya en el
    momento en que los quraishitas mostraban más oposición. Habían
    decidido matar al Profeta (BP), pero el ángel Gabriel le previno del plan
    que habían hurdido contra él y le dijo que emigrara. Fue entonces cuando
    ‘Ali, para proteger la marcha del Profeta (BP), se acostó en su lugar,
    dejando creer a los quraishitas que habían venido para ejecutarle, que el
    Mensajero aún se encontraba ahí. No fue sino hasta la mañana que se
    descubrió la trampa que les habían tendido, pero el Profeta (BP) ya estaba
    muy lejos. Antes de acompañar a la familia del Profeta (BP) a Medina ‘Ali
    fue el encargado de repartir entre los interesados los bienes en depósito.
    La ciudad de Medina pasaba por un período de construcción y de
    guerras defensivas para la comunidad musulmana. ‘Ali participó en
    numerosas batallas. En el curso de la de Al-Ahzab, se presentó voluntario
    para desafiar a ‘Amru que estuvo a punto de entrar en Medina. Emprendió
    una lucha a duelo y salió vencedor. El Mensajero (BP) declaró entonces:
    «Esta es la mejor acción de mi comunidad hasta el día de la Resurrección».
    En Jaibar, el Mensajero (BP) confió la dirección del ataque a ‘Ali,
    después de decir: «Daré el estandarte a un hombre que ama a Allah y a Su
    Mensajero y que es amado por Allah y por su Mensajero» (4).
    Participó en todas las batallas del Islam salvo en la de Tabuk, cuando
    el Profeta (BP) se lo requirió, prefiriendo confiarle la dirección de Medina
    durante su ausencia.
    b.- Estatus de ‘Ali (P) en el Islam.
    El Imam ‘Ali ha sido mencionado en el santo Corán:
    Aleya de la purificación:
    «…Allah sólo quiere que se mantenga alejado de vosotros lo impuro ¡Oh gente
    de la casa! y purificaros totalmente.»(33-33).
    Aleya de al-Mubahala:
    «Y a quien, después del conocimiento que te ha venido, te discuta sobre él,
    dile: Venid, llamemos a nuestros hijos y a los vuestros, a nuestras mujeres y a las
    vuestras y llamémonos a nosotros mismos y a vosotros mismos y luego
    imprequemos para que la maldición de Allah caiga sobre los mentirosos.» (3:61).
    «Y daban de comer, a pesar de su propia necesidad y apego a ello, al pobre, al
    huérfano y al cautivo.

    No os alimentamos sino por la faz de Allah, no buscamos en vosotros
    recompensa ni agradecimiento.
    Realmente tememos de nuestro Señor un día largo, penoso.
    Allah los habrá librado del mal de ese día y les dará resplandor y
    alegría».(76:8/11).
    «¿Consideráis que proveer el agua durante la Peregrinación y ser guardián de
    la Mezquita Inviolable es igual que creer en Allah y en la Ultima Vida y luchar en
    el camino de Allah?
    No es igual ante Allah.
    Allah no guía a gente injusta». (9:19).
    El Profeta (BP) también le dedicó varios hadices:
    «Yo soy la ciudad del conocimiento y ‘Ali es su puerta.»
    «Tú eres para mí como Harun fue para Musa, pero no habrá más
    mensajeros después de mí.»
    «Sólo el creyente te ama y sólo el hipócrita te detesta».
    c.- Nombramiento de ‘Ali al Imamato.
    De entre los textos que hablan de la nominación de ‘Ali al Imamato y
    la dirección de los musulmanes en este mundo citamos:
    «Realmente vuestro aliado es Allah, y Su Mensajero, y lo son los creyentes,
    los que establecen el salat, entregan el zakat y se inclinan» (5:55).
    Los estudiosos han explicado que esta aleya fue revelada para ‘Ali Ibn
    Abu Talib (P) cuando, mientras rezaba, dio su anillo como limosna a un
    mendigo.
    El hadiz de al-Ghadir en el que el Profeta (BP) nombró a ‘Ali para la
    wilaia (guía de la comunidad) diciendo: «Para quien yo sea su dirigente, ‘Ali
    es su dirigente; ¡Oh Allah, sé amigo de quien lo tome por amigo y enemigo de
    quien lo tome por enemigo»(5).
    d.- ‘Ali (P) en el tiempo de los califas
    A la muerte del profeta (BP), ‘Ali (P) y los miembros de su familia se
    encargaron de su funeral mientras que los Muhayirun (los musulmanes de
    La Meca que habían emigrado con el mensajero de Allah (BP) a Medina) y
    los Ansar (los musulmanes de Medina) se reunieron para nombrar al
    sucesor del Mensajero de Allah (BP). Después de fuertes discusiones,
    decidieron nombrar a Abu Bakr. Al conocer el comportamiento de estos
    musulmanes ‘Ali se retiró de la vida pública durante seis meses como
    signo de protesta de lo que más tarde fue llamado el episodio de As-
    Saquifa. Pero al ver que numerosos peligros amenazaban al joven estado

    islámico, decide regresar. Explica su actitud en una misiva: «Me retiré hasta
    que vi a las gentes abandonar el Islam, llamando a acabar con la religión de
    Muhammad (BP), sentí temor de que hubiese una fisura o una destrucción si no
    me hacía cargo de la situación y de los musulmanes, sintiendo que si esto sucedía
    la desgracia sería para mí mayor que la de ser vuestro dirigente, carga que no
    dura, en realidad, más que un tiempo limitado y que se desvanece como se
    desvanece la nube. Me levanté entonces, resuelto a aplastar la mentira y reafirmar
    la religión…»(6).
    Asumió, entonces, en tiempo de los tres califas, un papel
    preponderante, siendo su consejero y orientando a los musulmanes en sus
    vidas cotidianas. En tiempos del califa Abu Bakr, aconsejó a éste
    emprender la guerra contra los bizantinos. Los tradicionalistas
    conservaron numerosos ejemplos del buen juicio que el Imam demostró.
    Cuando los bizantinos quisieron parlamentar con los musulmanes, se
    presentaron en casa de Abu Bakr quien llamó a ‘Ali Ibn Abu Talib para
    que respondiera a las diversas preguntas que le planteaban sobre doctrina.
    A lo largo del califato de ‘Umar Ibn al Jattab, cuando éste quiso
    emprender otra guerra contra los bizantinos, le aconsejó que no la dirigiese
    él mismo: «Envíales un hombre experimentado, apoyado por dos combatientes
    sólidos y sabios. Si Allah los hace victoriosos, será como tú lo habrías deseado, pero
    si no, tú serás un apoyo para las gentes y una protección para los
    musulmanes».(7)
    Se relata así mismo, que un día una importante suma de dinero llegó
    al tesoro de la provincia de Bahrain. Después de haber distribuido una
    parte importante entre los musulmanes, ‘Umar convocó a los Ansar y a los
    Muhayirin para saber a quién se entregaría el resto. Estos últimos
    propusieron que ‘Umar se lo quedara, pero cuando la pregunta se hizo al
    Imam ‘Ali, él respondió que esta suma debía ser distribuida entre los
    indigentes: «Yo te aconsejo no tomar el resto y entregárselo a los indigentes
    musulmanes»(8).
    Después de que los musulmanes conquistaran Siria, el ejército dirigido
    por Abu ‘Ubaida al-Jarrah preguntó a ‘Umar si debían dirigirse hacia Bait
    al-Maqdis (Jerusalem) o bien hacia al-Qaysariya. ‘Umar pidió consejo a ‘Ali
    que le respondió: «Ordena a tu amigo dirigirse hacia Bait al-Maqdis, si Allah le
    concede la victoria, se dirigirá hacia Qaysariya, que será conquistada después si el
    Altísimo así lo quiere, esto es lo que nos dijo el Mensajero de Allah (BP)».
    El historiador At-Tabari relata este hecho: «‘Umar convocó a las gentes
    y les preguntó: ¿Qué día tomaremos como el primero para relatar la

    historia del Islam? ‘Ali respondió: ‘El día de la emigración del mensajero de
    Allah (BP) cuando dejó el suelo del politeísmo». Y fue lo que se hizo.
    En tiempos del califa ‘Uzman, fue también consultado con asiduidad
    en cuestiones jurídicas y jugó un papel de moderador durante la crisis que
    sacudió al califato en esta época, dispensando consejos al califa y a sus
    oponentes.
    Y, contado brevemente, este fue el papel importante que tuvo Imam
    ‘Ali (P) durante este período, cuando el califato fue gobernado por Abu
    Bakr, ‘Umar ibn al Jatab y ‘Uzman ibn ‘Affan sucesivamente.
    2.- EL CALIFA ‘ALI IBN ABI TALIB
    El período del califato de ‘Ali (P) fue aquel en que asumió
    directamente la carga y dirección de la comunidad. Se extendió desde el
    656 hasta el 661 (36-40 de la hégira), fecha de su asesinato.
    Fue una etapa extremadamente importante para el Estado Islámico
    pues intentó, en un lapso de tiempo muy corto, poner en práctica su
    concepción de gobierno, de la sociedad civil, de los lazos que unían a sus
    miembros así como de su concepción de la vida doctrinaria, intelectual y
    espiritual de la comunidad.
    Después del asesinato del califa ‘Uzman, la comunidad decidió, por
    unanimidad, nombrar a ‘Ali (P) califa, pero al principio rehusó, no
    queriendo ser víctima de intereses ajenos. Puso condiciones para aceptar,
    mostrando así que no codiciaba la dirección del Estado, pero sí que se
    sentía responsable y digno. Declaró a este respecto: «Sabed que si accedo a
    vuestra propuesta, haré lo que juzgue mejor, no escucharé ni las palabras de unos
    ni los reproches de otros», queriendo evitar someterse a los intereses que
    unos y otros habían manifestado a lo largo del anterior califato. Tenía
    previsto un programa de reforma teniendo en cuenta las numerosas
    irregularidades, tanto de administración como en las finanzas, que habían
    surgido durante el período anterior. Se volcó, pues, en los diversos
    problemas de la sociedad procurando dar una solución.
    a.- En el dominio político.
    Definió las cargas y el perfil de gobernador y administradores,
    insistiendo siempre sobre la clemencia que debían tener hacia quienes
    estaban a su cargo y sobre la firmeza que debían mostrar con los hombres
    influyentes. Dijo: «El responsable de la dirección de los musulmanes no debe ser
    codicioso, pues estará ávido de sus fortunas, ni ignorante, pues los extraviará, ni
    un grosero pues los ahuyentará, ni un injusto que conceda privilegios a unos en

    detrimento de otros, ni un corrupto que ignore los derechos, ni aquel que ignore la
    Sunna pues hará peligrar la comunidad»(9).
    b.- En el dominio económico.
    Se opuso a los privilegios y emprendió la tarea de suprimir la manera
    en que el dinero público era distribuido. Dijo a este respecto: «Todo hombre
    que siga a Allah y a Su Mensajero (BP), que es honesto hacia nuestra comunidad,
    que entra en nuestra religión y reza en dirección a nuestra quibla, se le debe
    aplicar los derechos y prohibiciones del Islam. Vosotros sois los servidores de
    Allah, la fortuna viene de Allah, se distribuye equitativamente entre vosotros,
    ninguno goza de privilegios en este campo. Los piadosos tendrán, cerca de Allah, la
    mejor retribución, Allah no hizo de este mundo una retribución o una recompensa
    para los piadosos» (10).
    No aceptó que la piedad, la preeminencia en el Islam o el hecho de
    haber acompañado al Mensajero de Allah (BP) fuesen tenidos en cuenta
    para el reparto de los bienes. Materializó, según esta concepción, la justicia
    de la distribución en el Islam, rechazando toda clase de privilegios en
    provecho del concepto de ciudadanía.
    c.- En el dominio administrativo.
    Emprendió importantes reformas, despidió a ciertos administradores
    nombrando a otros. Los controló, evitando que cada uno considerara la
    región administrada como de su propiedad. Se dirigió a Muhammad Ibn
    Abu Bakr, nombrado gobernador de Egipto, en estos términos: «Protégelos
    (refiriéndose a quienes estaban a su cargo) con tus alas, haz que tus costados sean
    suaves para ellos, suaviza tu rostro para ellos, consuélalos con presteza, con el fin
    de que los poderosos no deseen tu hostilidad para ellos o que los débiles desesperen
    por tu justicia. Allah el Altísimo os pedirá cuentas a vosotros, Sus servidores, a
    propósito de vuestros actos, grandes o pequeños, ocultos o vistos. Si vosotros
    hacéis sufrir, El lo hace aún más y si perdonáis, Él es el más generoso»(11).
    Un día al saber que uno de sus gobernadores había actuado
    injustamente, le escribió: «Me han contado sobre ti un hecho, que si realmente
    has cometido, causará la cólera de tu Señor y representa la desobediencia a tu
    Imam. Repartes entre tus cercanos el fay (especie de tributo de guerra) de los
    musulmanes, que son quienes lo han adquirido con sus sables y monturas y sobre
    el cual han derramado su sangre… Por Allah, si esto es cierto recibirás desprecio
    por mi parte cuando nos encontremos, desde ese momento no tendrás ningún
    valor. No tomes a la ligera el derecho de tu Señor, no arregles tu vida en este
    mundo en detrimento de tu religión, estarás entre aquellos cuyos actos les habrán
    hecho errar.»(12)

    Por otro lado, define las tareas y los comportamientos de los soldados
    de la armada musulmana al decir de las tropas enemigas: «No les combatáis
    antes de que ellos empiecen, estáis, por misericordia de Allah, en vuestro derecho y
    el hecho de dejarlos empezar es una prueba más en vuestro favor. Si ocurre el
    desenlace, será por voluntad de Allah. No matéis al que huye, no hiráis al que no
    pueda defenderse; no rematéis al herido y no causéis daño a las mujeres, incluso si
    ellas os insultan y atentan contra vuestro honor».(13)
    En realidad, para el Imam ‘Ali (P) y los Imames que le siguieron, como
    lo era para el Profeta (BP), lo importante no era vencer o ganar una batalla,
    pues la victoria viene de Allah. Lo esencial era estar en el camino justo,
    tener un comportamiento noble, honesto y recto y cumplir con el deber
    hasta el final, incluso en las situaciones más difíciles. Es gracias a estas
    enseñanzas que el espíritu del Islam consiguió cubrir todas las manchas
    negras que jalonaron su historia.
    En lo concerniente al cobro de impuestos, el Imam ‘Ali concedió una
    gran importancia a lo que representaba el nervio del Estado y la fuente de
    la justicia. Exigió que los hombres encargados de ello fuesen
    extremadamente escrupulosos, justos y virtuosos pues la labor era muy
    delicada. No se trata de recoger el dinero solo para llenar las arcas, sino
    sentirse responsable de una comunidad. Se dirigió a ellos en estos
    términos: «Vosotros sois el tesoro de los creyentes y los mandatarios de la
    comunidad así como los mediadores de los Imames; no privéis a nadie de lo que
    necesite, no alejéis a nadie de lo que pida; no dejéis que las gentes vendan ni una
    prenda de invierno o verano que puedan necesitar para cubrirse, ni un animal que
    les sirva para su labor, para pagar el jaray (impuesto); no azotéis a nadie para
    saber donde esconde su dinero, no toquéis el dinero de las gentes que rezan o que
    están (protegidos) por un tratado.»(14)
    El Imam quiso que se aplicara una justicia ejemplar en el Estado que
    tenía a su cargo. Definió, de esta manera, su concepción de la justicia: «Por
    Allah, seré equitativo con el oprimido contra su opresor, arrastraré a este último
    por la nariz hasta la fuente de la verdad, incluso contra su voluntad.»(15)
    Pero para él, la justicia va a la par con la compasión y el amor hacia lo
    que le rodea. Fue protector con los miembros de su comunidad, atento al
    menor de sus males, preocupado por sus penas y sus miserias. Rehusó que
    su propia familia tuviese privilegios en detrimento de la comunidad,
    rehusó, en diversas ocasiones, tomar su parte del botín para no disminuir
    la de los demás. Cuando su hermano ‘Aqil, ciego, le pidió una ayuda
    suplementaria a lo que tenía derecho, rehusó categóricamente,

    recordándole el fuego que lo quemaría en el infierno si accedía a su
    petición.
    d.- El descontento de los privilegiados.
    Pero los de esa época, no estaban acostumbrados a esta clase de
    política. Deseaban conservar sus privilegios, rehusando ser tratados en
    igualdad con los otros miembros de la comunidad. Se enfrentó a aquellos
    que se opusieron a su concepción de la justicia igualitaria. Mu’awiia ibn
    Abu Sufian, gobernador de Siria, fue uno de los que había adquirido
    numerosos privilegios en tiempos del califa ‘Uzman, cuyos amigos y
    cercanos fueron el blanco de la reforma del Imam ‘Ali (P). Con el pretexto
    de querer vengar a ‘Uzman, Mu’awiia declaró la rebelión contra el estado.
    Pero evidentemente sólo se trataba de un pretexto, puesto que el Imam ‘Ali
    (P) había aconsejado al califa ‘Uzman emprender las reformas para evitar
    lo que luego le ocurrió. Le dijo: «Te pido, por Allah, que no seas el Imam
    asesinado de esta comunidad, pues el asesinato de un Imam de esta comunidad
    abriría las puertas a los asesinatos y a los combates hasta el día de la Resurrección,
    las sediciones se propagarán, las gentes ya no distinguirán entre el bien y el mal,
    serán sacudidos como olas y abandonados al desorden, no seas para Marwan
    (aliado de Mu’awiya) como un animal que después de haber llegado a viejo lo lleva
    donde le parece.»(16)
    Después de haber intentado calmar a Mu’awiya y mostrarle lo
    equivocado de su actitud, el Imam se preparó para el combate que acabaría
    con la sedición. Pero al poco se declaró un nuevo enfrentamiento con Talha
    y Az-Zubayr que también deseaban conservar los privilegios que habían
    adquirido. Los llevó a la guerra conservando a la vez una actitud clemente
    hacia ellos, recordando a sus guerreros las reglas que debían adoptar y el
    comportamiento humano que debían tener hacia sus adversarios. Prohibió
    a los soldados apoderarse de las fortunas y familias del adversario, y
    concedió la amnistía a los beligerantes.
    En su lucha contra Mu’awiia, el Imam buscó en un principio una
    solución pacífica al conflicto, queriendo evitar el derramamiento de sangre.
    Le envió para esta empresa a varios emisarios pero Mu’awiia insistía en la
    guerra y utilizó medios inmorales para ganar la batalla, por ejemplo
    prohibiendo a los soldados del Imam acceder al agua. Las tropas del Islam
    tuvieron que apoderarse del punto de agua, y luego, permitir al enemigo
    tener acceso a él. El Imam pidió a Mu’awiia un combate a duelo pero este
    rehusó, usando numerosas artimañas para ganar la batalla. Una de ellas
    fue la de proponer un arbitraje que consistía en escoger un hombre de cada
    bando para arbitrar el conflicto. El Imam, ante la impertinencia de su

    ejército, aceptó, y de entre sus tropas se eligió a Musa al-Ash’ari, elección
    con la que en un principio no estuvo de acuerdo pero que ante la
    insistencia de sus tropas finalmente aceptó. Fue así como el episodio del
    arbitraje dio la victoria a los injustos.
    De regreso a Kufa, el Imam aún tuvo que enfrentarse con aquellos que
    pidieron el arbitraje pero que no aceptaban el resultado del mismo (los que
    fueron llamados los Jariyitas). Hombre de palabra, el Imam no podía
    aceptar sus pretensiones. Fueron cuatro mil hombres a combatirlo en la
    batalla de Nahrawan. Mientras esta rebelión no afectó a las propiedades
    de los Musulmanes ni a sus fortunas, ni a su sangre, les dejó expresarse y
    actuar, a la vez que les dejaba tiempo para que reflexionaran. Mientras
    tanto, se preparaba para la segunda batalla contra Mu’awiya después del
    fracaso de un segundo arbitraje. Pero los rebeldes empezaron a matar
    musulmanes acusándolos de apostasía. El Imam les declaró la guerra y
    Allah le concedió la victoria.
    Mientras se ocupaba de los preparativos para esta batalla, el Imam fue
    asesinado, en la mezquita en la que estaba rezando, el 19 de Ramadan del
    año 40 de la hégira, por un Jarayita, Ibn Mulyam.
    Con el asesinato del Imam ‘Ali (P), una página de la historia del Islam
    se cerró. En el curso de su califato, intentó aplicar las leyes del Islam en
    todo su esplendor y magnificencia. Antes de morir (estuvo tres dias entre
    la vida y la muerte), hizo algunas recomendaciones a sus hijos y
    concretamente al Imam al-Hassan, su primogénito: «Sed piadosos, desdeñad
    lo mundano con sus seducciones, no os repochéis lo que no sepáis, proclamad la
    verdad, trabajad para la eternidad, sed el enemigo del tirano y el apoyo del
    oprimido… Cuidad sobre todo del huerfano; proveedle alimento continuamente, no
    lo desdeñéis…¡Oh descendientes de Abdul Mutalib! No derraméis la sangre de los
    musulmanes diciendo: «El comandante de los creyentes ha sido asesinado». No
    mataréis a mi asesino. Si muero por su espada, devolvedle golpe por golpe nada
    más. No mutiléis. Nuestro Profeta (BP) prohibía la mutilación, incluso si nos
    encontrábamos con un perro rabioso».(17)
    FUENTE: www.islamoriente.com

    _________________________________________________________________________________

    NOTAS:
    (1) Nahy al-Balagha, sermon al -Qasi’a.
    (2) Idem.
    (3) Hadiz relatado por al-Baihaqi, az-Za’labi, at-Tabari, Ibn al-Athir, Ibn Hanbal, an-Nisa’i…
    (4) Hadiz relatado por Abu Huraira e Ibn al-Abbas.
    (5) Cf. Musnad Ibn Hanbal, an-Nisa’i, at-Trimidi y at-Tabarani…
    (6) Nahy al-Balagha, carta a Malik al-Ashtar.
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    (7) Nahy al-Balagha.
    (8) Relatado por Ahmad b. Hanbal en al-Musnad vol. 1, p. 94 y Kanz al-’Ummal. vol. 4, pp. 39 y
    otras.
    (9) Nahy al-Balagha, sermon 131.
    (10) Nahy al-Balagha.
    (11) Nahy al-Balagha, carta a Muhammad b. Abi Bakr.
    (12) Nahy al-Balagha.
    (13) Idem.
    (14) Idem.
    (15) Idem.
    (16) Idem.
    (17) Idem.