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    El Profeta (PB) y la Tradición Profética; El Último Profeta y el Hombre Universal

    • Seyed Hosein Nasr
    El Profeta (PB) y la Tradición Profética; El Último Profeta y el Hombre Universal
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    El Profeta (PB) y la Tradición Profética

    El último Profeta y el Hombre Universal

    Profesor Seyed Hosein Nasr
    Vol III No. 1, 1397

    Un “extracto” del Profeta (BPD) y las tradiciones proféticas – de los Ideales y Realidades del Islam escrito por el Profesor S. Hosein Nasr, y publicado por George Allen y Unwin Ltd., segunda edición Londres 1975.

    El Profeta (BPD) como el fundador del Islam y el mensajero de la revelación de Dios a la humanidad es el intérprete por excelencia del Libro de Dios; y sus hádices y tradiciones, sus dichos y acciones, son después del Corán, las fuentes más importantes de la tradición islámica. Con el fin de entender el significado del Profeta (BPD) no es suficiente estudiar, desde lo exterior de los textos históricos que pertenecían a su vida. Uno debe verlo también desde el punto de vista interior del Islam y tratar de descubrir la posición que ocupa en la conciencia religiosa de los musulmanes – de quien su nombre como tal nunca es dicho excepto como un saludo que es seguido por la formula “Sall Allahu ‘alaihi wa sallam”, eso es, “las bendiciones y los saludos de Dios sean sobre él”.

    Aún es legítimo decir eso, en general, cuando uno menciona al Profeta significa el Profeta del Islam (BPD); aunque en cada religión el fundador que es un aspecto del Intelecto Universal se convierte en el Aspecto, la Palabra la Encarnación, no obstante, cada fundador enfatiza un cierto aspecto de la Verdad y aún tipifica ese aspecto universal. Aunque existe una creencia de la encarnación en muchas religiones, cuando uno dice la Encarnación se refiere a Cristo que personifica este aspecto. Y aunque cada profeta y santo ha experimentado “la ilustración”, esta se refiere a la experiencia de Buda la cual es la más sobresaliente y personificación universal de esta experiencia. De la misma manera, el Profeta del Islam (BPD) es el prototipo y la personificación perfecta de la profecía y en un sentido profundo es el Profeta (BPD). De hecho, en el Islam cada forma de revelación está provista como una profecía cuya realización completa y total es vista en Muhammad (La paz sea con él y su descendencia). Como el poeta Sufi Mahmud Shabistari escribe en su incomparable Golshan-e raz (el secreto del jardín de la rosa):

    La primera aparición de la profecía fue en Adán (P), y su perfección fue el “sello de los Profetas”. (Traducción Whinfield).

    Es difícil para una persona que no es musulmana entender el significado religioso del Profeta (BPD) y su papel como el prototipo de la vida religiosa y espiritual, especialmente si uno viene de la experiencia cristiana. Comparado en realidad a Cristo o a Buda, la carrera terrenal del Profeta (BPD) con frecuencia parece demasiado humano y compenetrado con las vicisitudes de la actividad social, económica y política para servir como un modelo de la vida espiritual. Eso es porque mucha gente que escribe hoy día de los grandes guías espirituales de la humanidad, que no son capaces de entender e interpretarlo favorablemente. Es más fácil ver el resplandor de Cristo o aún de los santos medievales, cristiano o musulmán, que el del Profeta; aunque el Profeta (BPD) es el santo supremo del Islam sin quien no habría habido ninguna santidad en lo absoluto.

    La razón para esta dificultad, es esa naturaleza espiritual del Profeta (BPD) que está cubierta en su humanidad y su función de su pureza espiritual que está escondida en sus obligaciones como el guía de los hombres y el líder de la comunidad. Fue la función del Profeta (BPD), no solo un guía espiritual, sino también el organizador de un nuevo orden social con todas las funciones que eso implica; y precisamente este aspecto de su ser que cubre su dimensión espiritual pura ante los ojos extranjeros. Las personas de afuera han entendido su genialidad política, su poder de oratoria, su gran arte de gobernar; pero pocos han entendido como él pudo ser el guía religioso y espiritual de los hombres y como su vida pudo ser emulada por aquellos que aspiran a la santidad. Esto particularmente es la verdad en el mundo moderno en el que la religión está separada de los otros dominios de la vida y la mayoría de los hombres modernos, apenas imaginan como un ser espiritual también puede estar sumergido en la más intensa actividad política y social.

    En realidad, si el contorno de la personalidad del Profeta (BPD) es ser entendido, no debería ser comparado a Cristo o a Buda cuyo mensaje primariamente fue para hombres santos y que fundaron una comunidad basada en la vida monástica que después se convirtió en la norma de toda la sociedad. Más bien, debido a su función dual como “rey” y “profeta”, como guía de los hombres en este mundo y en el más allá, el Profeta (BPD) debería ser comparado a los reyes-profetas del Antiguo Testamento, a David (P) y Salomón (P) y, especialmente al mismo Abraham (P). Para citar otra vez un ejemplo fuera de la tradición Abrahamica, el tipo espiritual del Profeta (BPD) debería ser comparado en el hinduismo, a Rama y Krishna, quienes aunque en un clima tradicional diferente, fueron avatares y al mismo tiempo reyes y dueños que participaron en la vida social con todas esas actividades que están registradas en la Mahabharata y el Ramayana.

    Este tipo de figura, que siempre ha sido a la vez un ser espiritual y un líder de los hombres, relativamente hablando, es raro en el cristianismo occidental, especialmente en los tiempos modernos. La vida política se separó tanto de los principios espirituales que mucha gente con la misma función aparece como la imposibilidad en la prueba de que los occidentales, con frecuencia, indican la vida espiritual pura de Cristo que dijo “Mi Reino no es de este mundo”; y aún históricamente Occidente no ha atestiguado muchas figuras de este tipo a menos que uno considere a los Templarios y en otro contexto a tales reyes devotos como Carlo Magno y San Luis. De este modo, la figura del Profeta (BPD) es difícil de entender para muchos occidentales y este error en el que con frecuencia se ha añadido una mala intensión, es el responsable de la casi ignorancia total de su naturaleza espiritual en la mayoría de los trabajos escritos sobre él en los idiomas occidentales que son una legión. De hecho, uno podría decir de los mayores elementos del Islam del significado real del Profeta (BPD), al menos es entendido por las personas que no son musulmanes y especialmente por los occidentales.

    El Profeta (BPD) participó en la vida social en todo sentido. Se casó, tuvo descendencia, fue un padre y de este modo fue el gobernador y juez y también tuvo que luchar en muchas guerras en las que vivió experiencias dolorosas. Tuvo que pasar muchas penurias y experimentó todo tipo de dificultades como cualquier ser humano, especialmente como el fundador de lo que implica un nuevo estado y sociedad. Pero dentro de todas estas actividades, su corazón descansó en la satisfacción con el Divino y continuó hacia adentro a responder en la Paz Divina. De hecho, su participación en la vida social y política precisamente fue integrar este dominio dentro de un centro espiritual.

    El Profeta (BPD) no contempló en lo absoluto ninguna ambición política o de su interior. Por naturaleza, él fue alguien quieto; antes de ser escogido como profeta él no quería frecuentar reuniones sociales ni actividades. Dirigió una caravana de Meca a Siria pasando a través del silencio majestuoso del desierto cuyos “infinitos” inducen al hombre hacia la contemplación. Con frecuencia, dedicaba períodos de tiempo en soledad y meditación en la cueva de “Hira”. Él mismo no creía ser por naturaleza un hombre del mundo o uno que naturalmente se inclinó a buscar el poder político entre los Quraysh o las eminencias sociales en Meca, aunque llegó de una familia muy noble. De hecho, fue muy doloroso y difícil para él aceptar la carga de la profecía que implicó la fundación, no solo de una nueva religión, sino también un nuevo orden social y político. Todas las fuentes tradicionales, las cuales solo en este asunto testifican la gran privación que el Profeta (BPD) experimentó al ser escogido para participar en la vida activa en su más forma aguda. Estudios modernos sobre la vida del Profeta (BPD) describen que es totalmente falso el hecho de que disfrutaba luchar en las guerras y de hecho, un cambio completo de la personalidad real del Profeta (BPD). Inmediatamente después de la recepción de la primera revelación el Profeta (BPD) confesó a su esposa, Khadiyah (P), lo difícil que fue para él aceptar la carga de la profecía y lo aterrado que estaba por lo que implicaba tal misión.

    De esto modo, con los matrimonios del Profeta (BPD), no son todos los signos de su indulgencia respecto a la carne. Durante el período de juventud cuando las pasiones son más fuertes, el Profeta (BPD) vivió solo con una esposa quien era mucho mayor que él y también experimentó largos períodos de abstinencia. Y como un profeta, muchos de sus matrimonios fueron políticos en los que en la estructura social que prevalecía en Arabia, garantizaba la consolidación de la nueva comunidad musulmana. Los matrimonios múltiples, para él, como es en verdad el Islam en general, no hubo tanto placer como la responsabilidad y un medio de integración de la recién sociedad fundada. Además, en el Islam todo el problema de sexualidad aparece bajo una luz diferente que en el cristianismo y no debería ser juzgado por los mismos estándares. Los matrimonios múltiples del Profeta (BPD), lejos de indicar su debilidad hacia la “carne”, simboliza su naturaleza patriarcal y su función, no como un santo que se retira del mundo, sino como uno que satisface la vida del mundo viviéndola y aceptándola con el objetivo de integrarla a un orden de realidad más elevado.

    También con frecuencia, el Profeta (BPD) ha sido criticado por los autores occidentales modernos por ser cruel y por haber tratado a los hombres con severidad. Nuevamente ese cargo es absurdo ya que las críticas de este tipo han olvidado que una religión deja el mundo a un lado, como Cristo lo hizo, o se integra al mundo, en el que el caso esto debe acordar con tales preguntas como la guerra, la retribución, la justicia, etc. Cuando Carlo Magno o algunos otros reyes cristianos metieron una espada dentro del pecho de un soldado pagano, desde el punto de vista individual, fue un hombre cruel hacia dicho soldado. Sin embargo, en el plano universal, fue una necesidad para la preservación de una civilización cristiana la cual tuvo que defender sus fronteras o perecer. Lo mismo sostiene la verdad para el rey budista o el gobernador, o en realidad cualquier autoridad religiosa que busca integrar la sociedad humana.

    El Profeta (BPD) ejercitó la mayor amabilidad posible y solo fue severo con los traidores. Ahora, un traidor en contra de una comunidad religiosa recién fundada, en la que Dios ha deseado y cuya existencia es una misericordia del paraíso para la humanidad, como un traidor en contra de la Verdad misma. La severidad del Profeta (BPD) en tales casos, es una expresión de la Justicia Divina. Uno no puede acusar a Dios de ser cruel porque el hombre muere, o porque hay una enfermedad y fealdad en el mundo. Cada construcción implica una destrucción previa, una compensación del campo para la aparición de una nueva forma. Esto mantiene la verdad no solo en un caso de una estructura física, sino también en el caso de una nueva revelación la cual debe compensar el terreno si esto tiene que ser para un nuevo orden político y social así como para uno puramente religioso. Lo que aparece a algunos como la crueldad del Profeta (BPD) hacia los hombres precisamente es este aspecto de su función como el instrumento de Dios para el establecimiento de un nuevo orden mundial cuya patria en Arabia, era estar pura de cualquier paganismo y politeísmo que si se presenta contaminaría la fuente de este nueva fuente de vida. Lo que preocupaba a su propia persona, el Profeta (BPD) siempre fue la personificación de la amabilidad y generosidad.

    En ninguna parte está la nobleza ni la generosidad del Profeta (BPD) mejor ejemplificada que en su triunfante entrada a la Meca, que en un sentido realza su carrera terrenal. Ahí, en un momento cuando la gente que había causado incalculables apuros y pruebas para el Profeta, estaban completamente dominados por él, en lugar de pensar en la venganza, la cual ciertamente fue su deber, los perdonó. Uno debe estudiar de cerca los casi inimaginables obstáculos puestos ante el Profeta por esta misma gente, el inmenso sufrimiento que había experimentado por causa de ellos, para darse cuenta del grado de generosidad que este acto le implicó al Profeta. En realidad, no es necesario dar una disculpa a cuenta de la vida del Profeta (BPD), pero estos asuntos necesitan ser respondidos debido a la falsa y a las frecuentes acusaciones maliciosas de este tipo hechos en contra del fundador del Islam, en los que tantos estudios modernos hacen la interpretación de él por aquellos que dependen de tales estudios casi imposibles.

    También el Profeta (BPD) ciertamente no estuvo sin el amor y la compasión.

    Muchos incidentes en su vida y dichos registrados en la literatura de los hádices, indican su profundo amor a Dios en el que, en conformidad con la perspectiva general del Islam, nunca estuvo separado el conocimiento de Él. Por ejemplo, en un hádiz bien conocido el dijo: “Oh Señor, concédeme Tú amor. Concede que yo ame a aquellos que te aman. Concede que haga los actos que ganan Tú amor. Haz que Tu querido amor sea más que yo mismo, que mi familia y la riqueza”. Tales dichos, claramente demuestran el hecho que aunque el Profeta (BPD) estaba en un sentido como un rey o gobernante de una comunidad y un juez además de que tuvo que lidiar de acuerdo a la Justicia en ambas capacidades, fue al mismo tiempo uno cuyo ser estaba sujetado en el amor a Dios. De otra manera, no podría haber sido un profeta.

    Desde el punto de vista de los musulmanes, el Profeta (BPD) es el símbolo de perfección tanto de la persona humana como de la sociedad humana. Es el prototipo individual humano y la colectividad humana. Como tal él carga ciertas características ante los ojos de los musulmanes tradicionales que solamente pueden ser descubiertos por estudiar los informes de él. Los muchos trabajos occidentales sobre el Profeta (BPD), con muy pocas excepciones, son inútiles desde este punto de vista sin importar cuantos datos históricos ellos proveyeron para el lector. De hecho, lo mismo sostiene la verdad para el nuevo tipo de biografías del Profeta (BPD) escritas por musulmanes modernizados a quienes les gustaría a toda costa hacer del Profeta (BPD) un hombre ordinario y descuidar sistemáticamente cualquier aspecto de su ser que no conforma un marco racional ni humanístico que ellos han adoptado como prioridad, en mayor parte como resultado ya sea de la influencia o de la reacción de los puntos de vista modernos de occidente. Las
    profundas características del Profeta (BPD), las cuales han guiado a la comunidad islámica durante siglos y han dejado una marca indeleble en la conciencia de los musulmanes, no puede ser percibida a través de las fuentes tradicionales y los hádices, y, por supuesto, el mismo Corán el cual carga el perfume del alma de la persona a través de quien fue revelado.

    Las características universales del Profeta (BPD) no son las mismas como sus acciones diarias y día a día de su vida, las cuales pueden ser leídas en las biografías estándares del Profeta (BPD), y las que no trataremos aquí. Ellos son, más bien, las características establecidas de hoy en adelante su personalidad como un prototipo espiritual particular. Visto bajo esta luz, existen esencialmente tres cualidades que caracterizan al Profeta (BPD). Primero que todo el Profeta (BPD) poseía la cualidad de la piedad en su más sentido universal, esa cualidad que atrae al hombre a Dios y en ese sentido, el Profeta (BPD) fue piadoso. Él tuvo una profunda piedad que su interior estaba apegado a Dios, que le hizo poner el interés de Dios ante cualquier otra cosa incluyéndose a él mismo. En segundo lugar, tuvo la cualidad del combate, de siempre estar activamente comprometido en combate en contra de todos los que negaban la Verdad y perturbaban la armonía.

    Externamente esto significaba luchar en las guerras, ya sea militares, políticas o sociales, la guerra en la que el Profeta (BPD) nombró la “pequeña guerra santa” (alÿihad al-asghar). Interiormente este combate significaba una guerra continua en contra del alma carnal (nafs), contra de todo eso el hombre tiende hacia la negación de Dios y Su Voluntad, la “gran guerra santa” (al-ÿihad al-akbar).

    Es difícil para los hombres modernos entender el simbolismo positivo de la guerra gracias a la tecnología moderna la cual ha hecho la guerra total y sus instrumentos la personificación de lo que es feo y demoníaco. Por eso, los hombres piensan que el rol de la religión solamente es preservar algún tipo de paz precaria.

    Por supuesto, esto es verdad, pero no en el sentido superficial que usualmente se dice. Si la religión es una parte integral de la vida, debe tratar de establecer la paz en el sentido más profundo, a saber para establecer el equilibrio entre todas las fuerzas existentes que rodean al hombre y vencer todas las fuerzas que tienden a destruir este equilibrio. Ninguna religión ha buscado establecer la paz en este sentido más que el Islam. Precisamente es en este contexto que la guerra puede tener un significado positivo, como la actividad para establecer la armonía tanto interior como exterior y esto es en el sentido que el Islam ha enfatizado el aspecto positivo del combate.

    El Profeta (BPD) personifica un grado eminente de esta perfección de la virtud del combate. Si uno piensa de Buda como si el estar sentado es un estado de contemplación bajo el árbol, el Profeta (BPD) puede ser imaginado como un jinete sentado sobre un semental con la espada de la justicia y la discriminación extraída en su mano y galopando a toda velocidad, aún listo para llegar a un alto inmediato ante la montaña de la Verdad. El Profeta (BPD) ha enfrentado desde el inicio de su misión profética con la tarea de ejercer la espada de la Verdad, de establecer el equilibrio y en esta ardua tarea no tuvo descanso. Su descanso y reposo estaba en el corazón de la misma guerra santa (ÿihad) y representa este aspecto de espiritualidad en la que la paz viene no en forma pasiva sino en una actividad verdadera. La paz pertenece a aquel que interiormente está en paz con el Deseo del Paraíso y exteriormente la guerra con las fuerzas del trastorno y el desequilibrio.

    Finalmente, el Profeta (BPD) poseía la cualidad de la magnanimidad en su plenitud. Su alma mostró una grandiosidad que siente cada devoto musulmán. Él es para la nobleza musulmana y la magnanimidad personificada. Este aspecto del Profeta (BPD) está totalmente mostrado en su tratamiento de sus compañeros que, de hecho, han sido el modelo para las edades posteriores y en la que todas las
    generaciones de musulmanes han buscado emular.

    Para ponerlo de otra manera, que se enfoca más repentinamente en la personalidad del Profeta (BPD), las cualidades pueden ser enumeradas como fortalezas, nobleza y serenidad o calma interna. La fortaleza exterior es manifestada en la pequeña guerra santa y la interior en la gran guerra santa de acuerdo al dicho del Profeta (BPD) que, regresando de una de las guerras tempranas, dijo: “Esta es la gran guerra santa la cual es de un significado espiritual particular como una guerra contra todas aquellas tendencias que arrastran el alma del hombre lejos del Centro y el Origen y bloquean una barra de la gracia del paraíso”.

    La nobleza o la generosidad del Profeta (BPD) muestran por sí misma más que todo en su caridad hacia todos los hombres y generalmente más hacia todos los seres. Por supuesto, esta virtud no es central como en el cristianismo que puede ser llamada la religión de la caridad. Sin embargo, es importante en un nivel humano y como esto preocupa a la persona del Profeta (BPD). Esto indica el hecho de que no existió restricción o egoísmo en el alma del Profeta (BPD), ninguna limitación en dar de sí mismo a los demás. Un hombre espiritual es uno que siempre da a aquellos que le rodean y no recibe en lo absoluto, según el dicho: “Es más bendición dar que recibir”. Fue una característica del Profeta (BPD) el siempre haber dado hasta el último momento de su vida. Él nunca pidió nada para sí mismo y nunca buscó recibir.

    El aspecto de serenidad, que también caracteriza todas las expresiones verdaderas del Islam, es esencialmente el amor a la verdad. Esto es para poner la Verdad ante cualquier otra cosa. Es para ser imparcial, para ser lógico en un nivel de disertación, sin permitir que las emociones de uno afecten y perjudiquen el juicio intelectual de uno. No es ser un racionalista, sino ver la verdad de las cosas y
    amar la Verdad por sobre todas las cosas. Amar la Verdad es amar a Dios que es la Verdad, uno de Sus Nombres es la Verdad (al-haqq).
    Si uno fuera a comparar estas cualidades del Profeta (BPD) por decir, la fortaleza, la nobleza y la serenidad, con aquellos de los fundadores de las otras grandes religiones, uno vería que ellos necesariamente no son lo mismo ya que primero que nada, el Profeta (BPD) no fue sí mismo la Encarnación Divina y en segundo, porque cada religión enfatiza un aspecto cierto de la Verdad. Uno no
    puede seguir y emular a Cristo en la misma manera como el Profeta (BPD) porque en el cristianismo, Cristo es Dios hecho hombre, la Encarnación Divina. Uno puede ser absorbido dentro de su naturaleza pero no puede ser copiado como la perfección del estado humano. Uno no puede ni caminar sobre el agua no regresarle la vida a los muertos. Aún, cuando uno piensa del cristianismo y Cristo
    otro juego de características vienen a la mente, tales como la divinidad, la encarnación y otro nivel de amor, caridad y sacrificio. O cuando uno piensa en Buda y el budismo, es más que todas las ideas de pena para toda la creación, la ilustración y la iluminación y la extinción en Nirvana que lo destaca.

    En el Islam, cuando uno piensa del Profeta (BPD) que es un ser emulado, es la imagen de una fuerte personalidad que viene a la mente, que es severo consigo mismo y con lo falso e injusto, y caritativo hacia el mundo que lo rodea. En la base de estas dos virtudes de fortaleza y sensatez en una mano, y la caridad y la generosidad en la otra, él está sereno extinguido en la Verdad, pasivo hacia la Voluntad de Dios, activo hacia el mundo, duro y sobrio hacia sí mismo y amable y generoso hacia las criaturas sobre él.

    Estas cualidades características del Profeta (BPD) están virtualmente contenidas en el sonido de la segunda Shahadah, Muhammadun rasul Allah, que es Muhammad es el Profeta de Dios, en su pronunciación árabe, no en su traducción a otros idiomas. Aquí nuevamente el simbolismo está inextricablemente conectado a los sonidos y formas del idioma sagrado y no puede ser traducido. El mismo sonido del nombre de Muhammad implica fuerza, un rompimiento repentino que es de Dios y no es solo humano. La palabra rasul con su alargada segunda sílaba simboliza esta “expansión del pecho” (inshirah as-sadr), y una generosidad que fluye del ser del Profeta (BPD) y que en última instancia viene de Dios. Por supuesto esto es para Dios, la Verdad misma que termina la formula. De este
    modo, la segunda Shahadah implica por su sonido de poder, generosidad y serenidad de reposar en la Verdadera característica del Profeta (BPD). Pero este reposo en la Verdad no está basado en un vuelo del mundo, sino en una penetración dentro de un orden integrado y organizado. El castillo espiritual en el Islam está basado en fundaciones firmes de armonía dentro de la sociedad humana
    y la individual vida humana.

    En las oraciones tradicionales del Profeta (BPD) que todos los musulmanes recitan en ciertas ocasiones, las bendiciones de Dios y los saludos se solicitan para el Profeta que es el siervo de Dios (‘abd), Su mensajero (rasul) y Profeta iletrado (annabi al-ummi). Por ejemplo, la versión bien conocida de la formula de bendición sobre el Profeta es como sigue:

    “Oh Dios, bendice a nuestro Señor Muhammad, Tu Siervo y Tu Mensajero, el Profeta iletrado, y a su familia y a sus compañeros, les saludamos”.

    Aquí nuevamente los tres epítetos con los que su nombre es capacitado simbolizan sus tres características básicas que destacan en su mayoría en los ojos de los devotos musulmanes. El es primero en todo en ‘abd; pero quien es un ‘abd excepto uno cuya voluntad está rodeada a la voluntad de su maestro, quien es pobre por sí mismo (faqir) pero rico en la versión de lo que su maestro le confiere.
    Es el ‘abd de Dios el Profeta (BPD) ejemplificado en su completa pobreza espiritual y sensatez que es tan característico del Islam. Su amado ayuno, vigilancia, oración, todos los que se han convertido en los elementos esenciales en la vida islámica religiosa. Como un ‘abd el Profeta (BPD) pone todo en las manos de Dios y consagró una pobreza la cual es, en realidad, la más perfecta y perdurable riqueza.

    El rasul es la formula nuevamente que simboliza su aspecto de caridad y generosidad y metafísicamente el mismo rasul es enviado debido a la caridad de Dios para el mundo y los hombres a los que ama para que Él envíe a sus profetas para guiarlos. Eso es porque el Profeta es la “misericordia de Dios a los mundos”.

    Para los musulmanes el mismo Profeta (BPD) demuestra misericordia y generosidad, una generosidad que fluye de la nobleza de carácter. El Islam siempre ha enfatizado esta cualidad y buscado inculcar la nobleza en las almas de los hombres. Un buen musulmán debe tener algo de nobleza y generosidad que siempre refleje este aspecto de la personalidad del Profeta (BPD).