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    Imam Husein (P)

    Imam Husein (P)
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     Ibn Malik narra: “Cierto día preguntaron al Mensajero de Dios (Bpd) por quién de su familia sentía más afecto, a lo cual respondió: –Por Hasan y Husein.”

    Nombre: Husein

    Título: El Señor de los Mártires (Saiid Ash–Shahada)

    Nació: El 13 del mes Santo de Sha’ban, del año 4 d.H..

    Su padre: ‘Ali Ibn Abi Talib (P).

    Su madre: Fátima Az–Zahra (P)

    Murió: Martirizado el día 10 del mes de Muharram, del año 61 d.H. (680 d.C).

    SU NACIMIENTO

    Husein Ibn `Ali, la paz sea con él fue el segundo valiente hijo de `Ali Ibn Abi Talib (P) y Fátima Zahra’ (P). Cuando dieron la noticia del nacimiento del pequeño al Mensajero de Dios, éste se dirigió a casa de su querida hija y pidió a Asma’ que le trajera al recién nacido. Asma’ envolvió al infante en un lienzo blanco y lo puso en los brazos de su abuelo, el Mensajero del Islam (Bpd), quien sin demora, pronunció el Adhan en el oído derecho de su amado nieto y el Iqamah en el oído izquierdo.

    Fue en uno de los primeros siete días después de su nacimiento, que Gabriel –el honesto mensajero de Dios– se apareció y dijo a Muhammad (Bpd):

    “Saludos de Dios para ti ¡oh, Mensajero del Islam! Llama a este pequeño como fue llamado el hijo de Aarón ‘Shubair’ o sea Husein, ya que `Ali para ti es como Aarón fue para Moisés, con la única diferencia de que tú eres el último Profeta”.

    Y así fue como el nombre de Husein fue elegido para el segundo hijo de Fátimah Zahra’ (P). El séptimo día de su llegada al mundo, su madre Zahra’ (P) sacrificó un cordero para cumplir con el aqiqah –ofrecimiento (costumbre recomendada en muchas narraciones islámicas para la salud del infante); después cortó el cabello de Husain, lo pesó y la misma cantidad en plata la entregó como sadiqah –limosna.

    HUSEIN EN COMPAÑÍA DEL MENSAJERO DE DIOS (Bpd)

    Desde el día del nacimiento de Husein Ibn `Ali (P), que tuvo lugar el cuarto año de la Hégira, hasta día en que murió su amado abuelo, el Mensajero del Islam (Bpd), aproximadamente seis años y algunos meses después, los musulmanes, a través del afecto y amor que expresaba el Profeta (Bpd) por Husein (P), descubrieron la eminencia y grandeza de este tercer Imam.

    Salmán el Farsi cuenta: “Ví un día que el Mensajero de Dios (Bpd) sentó a Husein en su regazo y mientras lo besaba decía: –Tú eres un eminente, hijo de un eminente y padre de los eminentes; tú eres un Imam, hijo de un Imam y padre de Imames; tú eres la prueba de Dios, hijo de la evidencia de Dios y padre de todas las evidencias del Todopoderoso que son nueve y la última de ellas, después de un período de estar ausente, se rebelará y terminará con la tiranía en el mundo –refiriéndose a Imam Mahdi (P)

    Uns Ibn Malik narra: “Cierto día preguntaron al Mensajero de Dios (Bpd por quién de su familia sentía más afecto, a lo cual respondió: –Por Hasan y Husein.”

    En reiteradas ocasiones tomó a sus dos nietos en su regazo, besándolos y apretándolos fuertemente contra su pecho.

    Abu Hurairah, que fue uno de los mercenarios y seguidores de Mu’awiyah, y enemigo de la familia de los purificados Imames declaró: “Vi al Mensajero de Dios (BP) que sentaba a Hasan y Husein sobre sus hombros mientras se me acercaba, entonces me dijo: Quién ame a éstos –refiriéndose a Hasan y Husein– es como si me hubiese amado a mí, y quién sea su enemigo es como si se hubiese enemistado conmigo”.

    La frase más eminente, pronunciada por el Enviado de Dios (BP), que demuestra la relación espiritual y trascendente entre el Profeta (Bpd) y Husein (P) fue esta:

    “Husein es parte mía y yo soy parte de Husein”.

    HUSeIN (P) EN COMPAÑÍA DE SU PADRE (P)

    Los primeros seis años de su infancia los pasó junto a su honorable abuelo y después del fallecimiento del Profeta (Bpd) vivió treinta años junto a su padre. Padre ejemplar, que no gobernó excepto con justicia, que no vivió excepto con pureza y devoción, que no vio, no deseó ni encontró a nadie excepto a Dios. Hombre al cual molestaron constantemente durante su magisterio, tal y como cuando le negaron su derecho al califato, época en la cual Imam Husein (P) obedecía las ordenes de su padre. Durante los años que Imam `Ali (P) ocupó el califato, Husein (P), al igual que su hermano Hasan (P), se preocupaba por lograr los objetivos del Islam, participando también en las guerras de Yamal, Siffin y Nahravan.

    Fue así como Husein Ibn `Ali (P) apoyaba a su padre, el Emir de los Creyentes, y a la religión de Dios; y en repetidas ocasiones protestó públicamente por la usurpación del califato.

    Un día, durante el gobierno de `Umar, Imam Husein (P) entró en la mezquita mientras que el segundo califa se encontraba dando un sermón sobre el púlpito que había pertenecido al Mensajero de Dios (Bpd), entonces este honorable exclamó: “¡Baja del púlpito de mi padre…!

    HUSEIN (P) AL LADO DE SU HERMANO

    Después del martirio de `Ali (P), por orden del Enviado de Dios y según el testamento del Emir de los Creyentes, `Ali Ibn Abi Talib (P), le fue transmitido el imamato y liderazgo de los musulmanes a su hijo mayor Hasan Ibn `Ali (P), siendo obligatorio y necesario para todos los musulmanes escuchar y obedecer las órdenes y mandatos de Imam Hasan (P). Imam Husain (P), que había sido educado por el Mensajero del Islam (Bpd) y por Imam `Ali (P), seguía el mismo camino que su hermano.

    Cuando, por los intereses del Islam, la sociedad musulmana y por orden de Dios, Alabado sea, Imam Hasan (P) se vio obligado a pactar con Mu’awiyah y soportar todo tipo de inconveniencias; Husain (P) sin rebelarse sufrió al igual que su hermano, ya que sabía que ese acuerdo se había realizado por el bien del Islam y de los musulmanes. Incluso un día que Mu’awiyah se encontraba frente a estos dos imames, comenzó a insultar a Imam Hasan (P) y a su valiente padre, entonces Husein (P) se levantó para defenderlos, acallar las palabras que salían de la boca de Mu’awiyah y darle su merecido, pero Imam Hasan (P) le pidió que se calmara y guardara silencio. Husain (P) aceptó y regresó a su lugar; entonces él mismo–Imam Hasan (P)– con una declaración elocuente y rotunda hizo callar a Mu’awiyah.

    IMAM HUSAIN (P) DURANTE EL GOBIERNO DE MU’AWIYAH

    Después del fallecimiento del Imam Hasan (P), según lo dictado por el Mensajero de Dios (Bpd), por `Ali Ibn Abi Talib (P) y lo especificado en el testamento de Imam Hasan Ibn `Ali (P), el imamato y liderazgo de los musulmanes pasó a manos de Imam Husein (P) convirtiéndose en el representante de Dios para dirigir a la sociedad.

    Imam Husein (P) fue Imam por un período de diez años. Todos ellos, excepto los últimos 6 meses, coincidieron con el califato de Mu’awiyah. Imam Husein (P) vivió bajo las más difíciles condiciones, sufriendo opresión y persecución. Esto fue debido al hecho de que: Primero de todo, las leyes y regulaciones religiosas habían perdido mucho de su peso y crédito, y los edictos de los gobernantes Omeyas habían ganado total autoridad y poder. Segundo, Mu’awiyah y sus ayudantes usaron todos los medios posibles para apartar a los miembros de la Casa del Profeta y los seguidores shiítas y hacer que se olvidaran los nombres de ‘Alí (P) y su familia. Y sobre todo, Mu’awiyah deseó fortalecer las bases del califato de su hijo Yazid quien, debido a carecer de principios y escrúpulos, era rechazado por gran cantidad de musulmanes. Por ello, para sofocar toda oposición, Mu’awiyah tomó nuevas y más severas medidas.

    Imam Husein (P) veía como Mu’awiyah, respaldándose en el poder del gobierno islámico, que en forma ilegítima había obtenido, pretendía destruir los cimientos de la sociedad islámica y las leyes de Dios. Este Imam (P) sufría al ver el gobierno ficticio y destructivo que había creado Mu’awiyah, pero se encontraba imposibilitado para derrocarlo y tomar el poder en sus manos, hallándose en una situación similar a la que había soportado su hermano Hasan (P).

    Imam Husain (P) sabía perfectamente que si hacía pública su oposición y provocaba un cambio en la situación reinante, antes de que pudiese actuar lo matarían; por consiguiente, se vio obligado a callar y esperar, ya que con su muerte no se obtendría nada.

    Mientras Mu’awiyah estuvo en vida, Imam Husein (P), al igual que su hermano, se abstuvo de izar la bandera de la oposición, con la única diferencia de que a veces criticaba la situación, así como la forma de actuar y pensar de Mu’awiyah.

    Cuando Mu’awiyah obligaba a la gente a realizar el juramento de fidelidad a su hijo Yazid, Husain (P), por medio de sermones y cartas contundentes mostró su descontento, rechazando a Yazid como sucesor al califato.

    Jurar fidelidad era una antigua tradición árabe que fue trasladada a asuntos importantes tales como el gobierno y el reinado. Aquellos que eran gobernados, y especialmente los más famosos entre ellos, debían darle la mano a su rey o príncipe en señal de acatamiento, fidelidad y obediencia, y de este modo mostrar su apoyo a sus actos. El disentir después de jurar fidelidad era considerado una desgracia y un deshonor para la persona, igual que romper un acuerdo después de haberlo firmado oficialmente era considerado un crimen. Siguiendo el ejemplo del Sagrado Profeta (Bpd), la gente creía que tal juramento cuando se daba libremente, y no a la fuerza, implicaba autoridad y peso.

    Mu’awiyah pidió a los notables de entre su gente que dieran su fidelidad a Yazid, pero no le impuso esta obligación al Imam Husein (P). El le dijo de forma especial a Yazid en sus últimos deseos, que si Husein (P) rehusaba prestar juramento de fidelidad, él debía pasarlo por alto y no darle importancia, pues había entendido perfectamente las consecuencias desastrosas que podría tener el asunto si se presionaba. Por ello Mu’awiyah no insistió en que el Imam realizara el juramento a Yazid, postura que continuó así hasta la muerte de Mu’awiyah.

    Por fuerza y necesidad Imam Husein (P) tuvo que soportar estos días y tolerar toda clase de agonías y aflicciones mentales y espirituales de Mu’awiyah y sus agentes, hasta que a mediados del año 60 d.H. Mu’awiyah murió y su hijo Yazid ocupó su lugar.

    IMAM HUSEIN (P) DURANTE EL GOBIERNO DE YAZID

    Después del fallecimiento de Mu’awiyah, su hijo Yazid tomó la guía del gobierno islámico en sus manos llamándose a si mismo Emir de los Creyentes; quién, para estabilizar su ilegal y opresivo gobierno, decidió enviar mensajes a los célebres y personalidades musulmanes, invitándoles a que realizasen el juramento de fidelidad –bai’at– con él; para lo cual escribió una carta al gobernador de Medina en la que le ordenaba: “Haz que Husain me preste el juramento, si se opone ¡mátalo!” El gobernador puso a Imam Husein (P) al tanto de lo ordenado por Yazid y poco después recibió la contestación del Imam (P) que decía: “Pertenecemos a Dios y regresaremos a Él”.

    Cuando alguien como Yazid (alcohólico, jugador, sin creencias y corrupto, que no se preocupa ni siquiera por la apariencia externa del Islam), gobierna al pueblo musulmán, tendremos que hacer sonar el toque de muerte para el Islam (ya que un dirigente como éste, utilizando la fuerza del Islam y bajo el nombre del Islam, terminará con el Islam)”.

    Imam Husein (P) sabía que si permanecía en Medina sin reconocer al gobierno de Yazid, lo matarían; por ello, para obedecer lo ordenado por Dios, una noche, aprovechando la oscuridad, salió de esta ciudad rumbo a La Meca. La noticia del arribo de Husein (P) a La Meca y su negativa a prestar juramento a Yazid, se expandió rápidamente, llegando ésta a los oídos de la gente de Kufah. Los kufis, sin demora, invitaron a Husein (P), que en esos momentos se encontraba en La Meca, que viniese a esa ciudad y los gobernara. El Imam (P) envió a su primo Muslim Ibn `Aqil para que estudiase de cerca la reacción de los kufis y lo pusiese al tanto de la situación.

    Cuando Muslim llegó a Kufah, se encontró con una inesperada y calurosa bienvenida. Miles de gentes hicieron el juramento de lealtad con el representante del Imam (P), entonces, Muslim escribió a Imam Husein (P) que consideraba necesario que inmediatamente partiese hacia allá.

    No obstante el Imam (P) conocía perfectamente a los habitantes de Kufah. Desde la época del gobierno de su padre y de su hermano sabía de su infidelidad y alevosía. Sabía que no debía confiar en el juramento que éstos habían hecho y en lo que habían prometido a Muslim, pero para completar su misión y cumplir con lo ordenado por Dios, Loado sea, decidió dirigirse hacia la ciudad de Kufah.

    A pesar de que hasta el octavo día de Dhul–Hiyyah, día en que toda la gente que se encuentra en La Meca se prepara para dirigirse hacia la región de Mina y todo aquél que se encuentra en camino se apresura para llegar a La Meca, Imam Husein (P) permaneció en esta santa ciudad. Cuando el Imam se enteró de que algunos seguidores de Yazid habían entrado en La Meca como peregrinos, con la misión de matarle durante los ritos de la peregrinación, con las armas que escondían bajo sus ropas, acortó los ritos de la peregrinación y en un día como éste, acompañado de su familia y seguidores, decidió partir en dirección a Iraq  cumpliendo así con su deber y al mismo tiempo con este movimiento hizo saber a todos los musulmanes del mundo, que el hijo del último Profeta (Bpd), no sólo no reconocía al gobierno de Yazid y le rehusaba realizar el juramento de fidelidad, sino que se rebelaba en contra del corrupto hijo de Mu’awiyah. El Imam (P) puso de pie en medio de la multitud y en un corto discurso, anunció su marcha a Iraq. En su discurso también declaró que podría ser martirizado, llamó a los musulmanes a ayudarle en la conquista de los objetivos que tenía en mente y a ofrecer sus vidas en el camino de Dios.

    El Imam Husein (P) estaba decidido a no dar juramento de fidelidad a Yazid y era plenamente consciente que podía ser matado. El era consciente de que su muerte era inevitable, dando el terrible poder militar de los Omeyas, apoyados como estaban en la corrupción de ciertos sectores, el declinar espiritual y la carencia de verdadero deseo entre la gente, especialmente en Iraq. Algunos de los prominentes hombres de La Meca salieron al paso de Imam Husein (P) y le previnieron del peligro que conllevaba la acción que estaba iniciando. Pero él les contestó que se negaba a dar juramento de fidelidad y aprobar un gobierno de injusticia y tiranía. Añadió que sabía que podía ser asesinado donde quiera que regresara o fuera. Y que abandonaba La Meca para proteger el respeto debido a la Casa de Dios y no permitir que este respecto fuera destruido, dejando que su sangre fuera derramada en ella.

    Yazid, que se había enterado de la llegada de Muslim a Kufah y del juramento de lealtad que la gente de esta ciudad había hecho al Imam (P), envió a Ibn Ziyad (que era uno de los más corruptos seguidores de Yazid y uno de los más sucios partidarios del gobierno Omeya, a la ciudad de Kufah.

    Ibn Ziyad, utilizando la poca fe, la hipocresía y el miedo de la gente de Kufah, con intimidaciones y amenazas los apartó de Muslim. Este fiel compañero de Husein (P) se enfrentó valientemente contra los agentes de Ibn Ziyad y finalmente fue martirizado como un valeroso guerrero (las bendiciones de Dios sean para él). Entonces –Ibn Ziyad–, incitó a la gente hipócrita y traicionera, así como a los incrédulos de Kufah, contra Imam Husein (P), llegando al punto que aquéllos mismos que habían invitado al Imam (P) vistieran sus armas y esperaran la llegada de Husein Ibn `Ali (P) para matarlo.

    Desde la noche en que el Imam (P) salió de Medina y mientras estuvo en La Meca, y durante el tiempo que empleó en trasladarse de La Meca hacia Karbala, hasta el momento en que fue martirizado, a veces insinuaba y otras abiertamente decía: “El motivo de este movimiento es para denunciar al gobierno de Yazid que se manifiesta en contra del Islam y para ordenar el bien –Amri bil Ma’ruf– y rechazar el mal –Nahi az Munkar–, y terminar con la opresión, la crueldad y la injusticia. Mi propósito es proteger el Sagrado Corán y revivir la religión de Muhammad (Bpd)”.

    Esta era la tarea que Dios le había encargado y la cumpliría incluso si fuese necesario ofrecer su sangre, la de sus compañeros y la de sus hijos y familiares.

    El Mensajero de Dios (Bpd), así como Emir de los Creyentes `Ali Ibn Abi Talib (P) y Hasan Ibn `Ali (P), anteriores guías del Islam, habían predicho en repetidas ocasiones el martirio de Imam Husein (P); inclusive el día de su nacimiento, el Profeta (Bpd) habló de como sería martirizado, hasta él mismo, por el conocimiento (de lo oculto) que poseía como Imam, sabía que al final de ese viaje le esperaba el martirio. Sin embargo, él fue aquél quien al infortunio y a la calamidad los consideraba una generosidad de Dios, y al martirio la felicidad.

    La noticia del martirio de Husein en Karbala era tan conocida entre los musulmanes, que todos se mostraban temerosos por lo que sucedería al final de este viaje. Así fue como la emigración realizada por Husein (P), con todos los infortunios y calamidades que tuvo que soportar, corroboró las opiniones generales acerca de su martirio. En el camino hacia Karbala dijo: “Aquél que esté listo para ofrecer su vida por el mismo motivo que yo ofrezco la mía, y esté preparado para encontrarse con su Señor, ¡que me acompañe!”

    Fue por eso que algunos de sus seguidores trataron de disuadirlo, pues ignoraban que el hijo de `Ali Ibn Abi Talib (P), el Imam (P) y sucesor del Profeta (Bpd), conocía perfectamente su deber y nunca desobedecería aquello que Dios le había encomendado.

    Imam Husein (P) a pesar de las muchas opiniones y presiones que le rodeaban, continuó su camino sin dudar en ningún momento respecto a la decisión que había tomado.

    La partida del Imam no fue un acto apresurado y sin meditación. Un Imam Infalible no actúa de manera despreocupada e incauta. Por el contrario, el Imam sabia perfectamente cual era su destino y no estaba dispuesto a rechazarlo. Unas de las muestras de su conocimiento con  respecto a la situación, es el hecho de haber dejado antes de marcharse a La Meca un escrito a Umm Salama, una de las esposas del Profeta (Bpd), especificando que el Imamato después de su muerte le correspondía a su hijo ‘Ali Zain ul ‘Abidin.

    MORAL Y COMPORTAMIENTO DEL IMAM HUSEIN (P)

    En una breve mirada a los cincuenta y seis años de la vida –llena de amor y siempre en busca de Dios– de Husein (P), comprendemos que llevó una existencia llena de pureza y devoción, y que siempre se preocupó por difundir la misión profética de Muhammad (Bpd) con un profundo entendimiento, más allá de todo lo que podamos ver y comprender.

    A continuación recordaremos algunos pasajes de su vida, que han quedado, para nosotros, grabados en la historia:

    Husein Ibn `Ali (P) se dedicaba a realizar la oración, bendecir a su Creador y leer el Sagrado Corán, poniendo gran interés cuando suplicaba e imploraba clemencia y misericordia. A veces en el transcurso de un día realizaba hasta cientos de ciclos –rak’at– de oración. Incluso la última noche de su vida no dejó de alabar e invocar a Dios, Loado sea; y hemos leído en diferentes documentos que ese día pidió a sus enemigos una tregua para estar en privado con su Creador y dijo: “Dios, Glorificado sea, sabe lo mucho que me agrada realizar la oración, leer Su Libro Sagrado y suplicar, así como pedir clemencia y perdón.”

    Repetidas veces durante su vida, se dirigió a pie hacia la Casa de Dios, La Ka`bah, para llevar a cabo los rituales del Hayy (peregrinación). Los hijos de Ghalib Assadi (Bashar y Bashir) narraron: “En la tarde del día de `Arafah, noveno día del mes de Dhihayyatul Haram, acompañábamos a Husein (P) por el desierto de `Arafah. Este honorable, con profunda humildad y devoción salió de la tienda de campaña y se dirigió, acompañado de algunos de sus seguidores e hijos, hacia el monte; se detuvo en las faldas de éste, volteó su purificado rostro hacia la Ka`bah y entonces levantando sus manos al cielo como un débil necesitado pronunció las siguientes súplicas:

    “Loado y alabado sea Dios, Creador del Universo, a quien nadie puede rechazar Su voluntad, ni impedir Su Dádiva e Indulgencia.

    Sus manos están llenas de Generosidad y Magnanimidad y todo Lo Creó, sólido e inmaculado, con Su Sabiduría, ningún hecho oculto es para Él un secreto y aquello que se le confíe nunca será alterado.

    Él recompensa y castiga a todos y es Reformador de las faltas de sus siervos que Lo invocan, y Misericordioso con los débiles e impotentes. Él hizo descender los beneficios y el Libro dirigente de la sociedad –el Sagrado Corán– luminoso y brillante, y escucha las súplicas y resuelve los problemas y Es quien eleva el grado de los benevolentes y destruye a los opresores. No hay Dios más que Él y nadie ni nada se Le asemejan, Él escucha y ve, y es caridad, delicadeza y sabiduría y, en cualquier situación, omnipotente y poderoso.

    ¡Oh, Supremo! me dirijo a Ti y doy testimonio de Tu providencia, admito y confieso que Tú eres el más supremo y que regresaré hacia Ti. Antes de que fuese algo y hubiese un signo de mi existencia, Me agraciaste y creaste de tierra. Luego Me trajiste al mundo, íntegro y saludable, para conducir según lo que Me habías destinado desde antes; y Me cuidaste desde que me encontraba en la cuna y era un lactante y, en cuanto a mi sustento, Me diste una leche agradable y digerible, e hiciste bondadosos hacia mi, los corazones de los que me criaron, y obligaste a las cariñosas madres a que me educaran, y Me cuidaste de todas las perversidades ocultas de los genios y demonios , Me cuidaste de todas las abundancias y escasez.

    Pues Tú eres Eminente, ¡oh, Clemente!, ¡oh, Misericordioso! Hasta el momento en que pronuncié mis primeras palabras, Me diste todas Tus gracias y todos los años Me educaste hasta que llegué a la perfección y mi fuerza se equilibró. Entonces Me demostraste tu prueba e inspiraste de Tu Conocimiento, y Me dejaste maravillado con Tu Prudencia; Me mostraste Tus Creaciones, sin precedente, en el cielo y en la tierra; y para agradecerte y recordarte Me concientizaste, e hiciste para mí obligatorio el obedecerte y adorarte, y el mensaje que trajeron Tus enviados Me lo explicaste, y facilitaste para mí el aceptar aquello que atrae tu satisfacción, agraciándome con todos estos favores.

    ¡Oh, Dadivoso! No Te satisfizo negarme alguna de Tus Bendiciones, con Tu Gran Generosidad y continuo Benéfico Me diste como sustento diferentes comidas y bebidas, y diferentes ropajes y vestidos. Entonces, después de que Me otorgaste todos Tus Bienes y alejaste de mí las desgracias, mi poco entendimiento y osadía hacia Ti, no Te detuvieron en dirigirme y en hacerme triunfar para tener un lugar cerca de Ti.

    ¡Dios mío! cuál de tus favores puedo enumerar y recordar, y cuál de tus obsequios agradecer, mientras Tus gracias son más de lo que los contadores pueden enumerar y los calculistas pueden tener conocimiento. Además es muy claro que en lugar de todas las violencias, enojos y calamidades que alejaste de mi, incrementaste bienestar, salud y comodidades.

    ¡Dios mío! por mi verdadera fe y… te tomo como testigo, y suponiendo que estuviese vivo en todas las épocas y en todos los tiempos, y procurase y me esforzase por agradecer uno solo de Tus favores, no lo lograría a menos que Tú me hicieses el favor de darme esa nueva virtud de poderte agradecer, que ella misma representaría un nuevo elogio hacia mi…

    ¡Oh, Siempre Eterno! Haz que sienta temor, tal y como si te estuviese viendo, y hazme venturoso con virtudes y templanza, y aleja de mi las culpas y defectos.

    ¡Oh, Misericordioso! Dame independencia en mí mismo, certeza en mi corazón, sinceridad y devoción en mis actos e ilumina mis ojos. Dame conocimiento y una clara visión en cuanto a mi religión.

    ¡Oh, Dios mío! soy incapaz de contar Tus mercedes y favores.

    ¡Oh, mi Amo, mi Señor! Tú que fuiste generoso, Tú que Me diste la gracia, Tú que fuiste bondadoso, y actuaste con superioridad e hiciste llegar Tu perdón a la perfección. Fuiste Tú, el que Me dio el sustento. Tú, el que Me concediste el triunfo. Tú, el Dadivoso. Tú el que Me dio la independencia y Me dio la fortuna, Me dio el refugio y fuiste Tú, el que Me dio la habilidad. Tú, el que Me guió. Tú, el que Me cuidó de los peligros y las caídas, y fuiste Tú, el que cubrió mis errores. Tú, el Clemente. Tú, el que Me mostró su indulgencia. Tú, el que Me dirigió. Tú, el que Me otorgó la fuerza y la victoria. Tú, el que Me curó. Tú, el que Me dio salud. Tú, el que Me honraste.

    Tabarakta Rabbi ua ta`alaita falakal–Hamdu da’iman wa lakash–Shukru uasiba

    ¡Oh, mi Creador! Eminente y Magnánimo, las alabanzas y elogios hasta la infinidad sean para Ti, única y especialmente para Ti, y siempre para Ti.

    ¡Oh, mi Señor! Confieso que soy un pecador, perdona mis errores”.

    Ese día Husein (P) al pronunciar estas súplicas acercó tanto los corazones de sus oyentes hacia Dios, al punto que en sus gargantas ahogaban sus llantos; acompañando sus sollozos a las palabras de su Imam, suplicaban a Dios y decían Amin.

    En la obra Asad ul–Ghabah Ibn Azzir narra: “Husein constantemente ayunaba y realizaba muchas oraciones, repetidas veces fue al Hayy, daba limosna y efectuaba todos aquellos actos complacientes para Dios.”

    La personalidad de Husein Ibn `Ali (P) era tan superior que cuando, acompañado de su hermano Hasan ul Muytaba (P), se dirigía a La Meca, los grandes personajes del Islam –por respeto– bajaban de sus camellos o caballos y los acompañaban a pie.

    El respeto que los musulmanes mostraban por Husein (P) era sin duda, porque él se relacionaba con la gente, vivía con la gente y consideraba como suyas las necesidades y aflicciones de la gente.

    En verdad que él carecía de castillos esplendorosos, soldados y esclavos que le protegiesen. Cuando quería cruzar un camino, nunca cerraba el paso a la gente, y cuando iba a visitar la tumba de su querido abuelo, el Mensajero de Dios (Bpd), nunca lo hacía en privado.

    La siguiente narración es un ejemplo de su ética social:

    “En cierta ocasión que Husein Ibn `Ali (P) cruzaba por un camino, se encontró con un grupo de necesitados que, sentados sobre sus capas, comían pan duro. Cuando vieron que el Imam (P) se acercaba, lo invitaron para que los acompañase. El aceptó y se sentó junto a ellos, entonces después de comer un pedazo de pan duro pronunció la siguiente aleya:

    “Dios no ama a los altivos”. (An Nahl 16:22)

    Y agregó: –Yo acepté vuestra invitación, ahora vosotros debéis aceptar la mía.

    Poniéndose todos de pie se dirigieron a casa de Imam Husein (P), quién ordenó que prepararan la mejor comida, dando así una calurosa recepción a sus invitados y una lección de humanidad a su sociedad.”

    Shu`aibu Ibn `Abdir–Rahmani Juza`i narró: “Cuando Husein Ibn `Ali (P) fue martirizado, encontraron callosidades en su santa espalda. Entonces preguntaron al cuarto de los purificados Imames, Imam Zain ul `Abidin (P), la causa de estas cicatrices, quién respondió: “Estas callosidades son a consecuencia de los costales de comida que mi padre por las noches cargaba sobre sus hombros para llevarlos a casa de las viudas, huérfanos y necesitados.”

    El gran interés que Husein (P) mostraba por los oprimidos y por ayudar a aquéllos que eran tratados injustamente, podemos experimentarlo en la historia de Urainib y su esposo `Abdullah Ibn Salam; la cual a continuación mencionamos en forma condensada:

    “En aquel tiempo que Yazid aún no había tomado el poder en sus manos, a pesar de que contaba con todo tipo de pasatiempos, deleites sensuales y placeres, como por ejemplo dinero, posición, esclavas, bailarinas… etc., sus libertinos e impúdicos ojos no pasaron por alto a una mujer casada, honesta y decorosa.

    Su padre Mu’awiyah, en vez de oponerse a este bajo y mezquino deseo, con calumnias y engaños preparó el terreno para que esta honorable mujer musulmana se separase de su esposo, y así poder llevarla a la alcoba de Yazid. Husein Ibn `Ali (P) se enteró del asunto y se opuso a esta baja resolución y, al ejecutar una de las leyes islámicas, destruyó los siniestros planes de Mu’awiyah, regresó a la mujer a su esposo `Abdul.lah Ibn Salam y terminó con algunas de las violaciones que Yazid hacía a las pudorosas familias musulmanas. El Imam (P) con este acto demostró su fuerza de voluntad y coraje divino, así como su interés por la reputación de la sociedad musulmana. Este suceso se volvió una narración y quedó como recuerdo de la magnificencia de la familia de `Ali (P) y la bajeza y tiranía de los Omeyas.”

    Al`Alaili en su obra Sumul Ma`na escribe: “En la historia del ser humano nos encontramos con grandes personalidades que cada una de éstas, en diferentes campos y aspectos, obtuvieron una fama universal: uno por su grandeza y majestuosidad, otro por su ascetismo, otro por su generosidad y otro por…, pero el esplendor y grandeza de Imam Husein (P) son tan inmensos que cada una de sus infinitas dimensiones grabaron en la historia su elevada majestuosidad, como si en él se reuniesen todas las grandezas y virtudes.”

    Así es, él heredó la misión profética universal de Muhammad (Bpd), heredó la valentía, grandeza, justicia y generosidad de su padre, `Ali Ibn Abi Talib (P), y fue el heredero del esplendor y brillantes virtudes de una madre como Fátima Zahr/pa’ (P). ¿Cómo podemos negar que él es una muestra de la superioridad, y eminencia de la grandeza del ser humano y un signo de la evidencia de las virtudes de Dios, Glorificado sea?

    Nuestros saludos sean para él, que es un modelo para nuestra actuación y comportamiento.

    ALGUNOS DICHOS DE ESTE INMACULADO IMAM (P)

    “¡Juro por mi vida! Que no es el Imam sino el que juzga en base al Libro de Dios, el que obra con equidad, que profesa la religión de la verdad, y que aprisiona su persona en (base a lo límites de) la Esencia Divina.

    “El hombre es esclavo del mundo y solamente palpa la religión con la lengua, mientras considera que estas palabras superficiales no perjudican su vida mundanal, entonces gira en dirección a la religión; pero cuando es experimentado en La Prueba, son pocos los que realmente siguen la verdadera religión.”

    Imam Husein (P) recomendó a su hijo Zain ul `Abidin(P):

    “Hijo mío, abstente de ser tiránico con alguien que no tenga a otro que lo auxilie, excepto Dios (que dentro de poco Dios vengará al humilde).”

    Alguien se presentó ante Imam Husein (P) y le pidió que le describiera qué es la felicidad en esta vida y en la otra, quién le contestó lo siguiente:

    “Aquél que busca el consentimiento de Dios y no cambia la aprobación de Él por la ira del hombre, Dios le remediará sus problemas por medio de la gente; pero a aquél que busca complacer a la gente y la satisfacción de la gente la obtiene con la ira de Dios, lo dejará en el olvido.”

    En una ocasión un hombre dijo a Imam Husein (P): “¡Oh, hijo del Mensajero de Dios! ¡Aconséjame! yo soy un pecador y no tengo las fuerzas suficientes para huir de esta falta.

    Realiza lo siguiente y peca lo que quieras –contestó Imam al que lo interrogaba:

    – No utilices ninguno de los beneficios que nos dio Dios, entonces peca.

    – Si puedes apártate del gobierno y protección de Dios, entonces peca.

    – Escóndete en un lugar en el que tu Creador no pueda verte, entonces peca todo lo que quieras.

    – Si cuando mueras puedes negar tu vida al ángel enviado por Dios, Loado sea, entonces comete cualquier pecado que quieras.

    – En caso de que cuando te estén introduciendo en las llamas del infierno puedas escaparte, entonces peca cuanto quieras.

    (Ahora si no puedes realizar los cinco puntos anteriores, abstente de pecar).”

    Y también dijo: “Los hermanos son de cuatro tipos: El hermano que (su amistad) lo beneficia tanto a él como a ti; el hermano que (su amistpad) te beneficia; el hermano que (su amistad) te perjudica; y el hermano que (su amistad) no los beneficia a ninguno de los dos.

    Preguntaron al Imam el significado de sus palabras, él respondió: “El hermano que se beneficia tanto a él como a ti, es el hermano que con su hermandad desea que perdure vuestra fraternidad y el propósito de su amistad no es destruir vuestra hermandad. Éste alguien lucha por beneficiarse tanto a él como a ti; ya que en caso de que vuestra amistad se complete vuestra vida se volverá dulce, y si disminuye (la felicidad de los dos), será destruida.

    Pero el hermano que te beneficia es aquél que él mismo, de un estado de codicia pasó a un estado de acercamiento, y ya que desea que vuestra amistad perdure, no anda tras la ambición de lo mundano. Pues en este caso con todo su ser te beneficia.

    El hermano que te perjudica es aquél que está en espera de que tengas dificultades, está en desacuerdo contigo, inventa mentiras de ti entre la gente y te mira celosamente. Pues ¡la maldición de Dios Único sea para él!

    En cuanto al hermano que no los beneficia ni a él ni a ti es aquél que Dios lo llenó de tonterías y lo alejo de Sus bendiciones. Pues observas que él se siente superior a ti y siente envidia de lo que tú posees”.

    Y también el Imam (P) en otra ocasión dijo:

    “¡Oh, hermano!, Tu inversión y tu fortuna es tu misma vida, cada día que transcurra de tu vida, en esa misma medida disminuye tu existencia (observa, ¿aprovechaste de tu inversión y de tu fortuna?, ¡ten cuidado que en el futuro no las desperdicies!)”

    “Las experiencias prolongadas incrementan el conocimiento”.

    “El Libro de Dios, Glorificado sea, se basa en cuatro cosas: en las palabras, las indicaciones, las sutilezas y las realidades. Las palabras son para el común de la gente; las indicaciones son para los selectos; las sutilezas son para los amigos y las realidades son para los Profetas”.

    “El giro de los asuntos y mandatos se encuentran en las manos de los sabios de Dios…”

    “Quien te ama, te veda (el mal) Quien te odia, en cambio, te estimula engañosamente (a realizar el mal).”

    El Imam Husein (P) dijo en sus súplicas: “Fuiste Tú el que limpió los corazones de tus amantes de algún otro, hasta que exclusivamente te amaron a Ti… Aquél que Te perdió, ¿qué ganó? Y aquél que te halló, ¿qué perdió? Aquél que aceptó a alguien o a algo fuera de Ti, perdió”.

    LA MASACRE DE KARBALA

    En el camino fue interceptado por Hurr al Riahi con un ejército de mil hombres. Hurr era un conocido y valiente militar. Habló con el Imam respetuosamente informándole que debía acompañarlo al sitio en el cual se encontraba Ibn Ziyad. Ellos continuaron su marcha hasta la costa del río Eufrates, donde el caballo del Imam se negó a continuar. El Imam Husein (P) cambió de corcel nueve veces, pero ninguno quería marchar. Entonces preguntó: “¿Cómo se llama este lugar?” Le dijeron: “Ninawa”. Preguntó si tenía otro nombre, le contestaron: “Algaziria”. Volvió a preguntar por otro nombre y le dijeron: “Karbala”. Entonces desmontó diciendo: “¡Me refugio en Dios del infortunio y de la aflicción! Aquí nos detendremos. Aquí moriremos y éste será el albergue de nuestras tumbas. Mi abuelo me anunció que en este lugar hallaría el martirio”.

    Su hermana Zainab, la hija de ‘Alí (P) y Fátimah (P), lloró diciéndole que él hablaba con total certeza de su muerte. Entonces Husein (P) le dijo: “¡Oh, hermana mía! No permitas que Satanás juegue con tu mente. Todo aquél que tenga vida, morirá. Sólo permanecerá la Faz de Dios, y hacia Él será nuestro retorno. ¿Dónde están, acaso, mi abuelo, mi padre y mi hermano? Ellos fueron mejores que yo, superiores a mí”.

    Tres días después, Ibn Ziyad le envía un mensaje ordenándole el sometimiento al gobierno de Yazid, a lo cual el Imam se negó. Entonces lo envía a sitiar con un gran ejército mil hombres, comandados por ‘Umar Ibn Sa’d, cuyo padre había sido uno de los primeros musulmanes.

    Ellos cercaron el campamento del Imam y le bloquearon el acceso al agua, a fin que la sed los debilitase y atormentase. Durante los tres días de asedio no les permitieron tomar ni la menor provisión de agua, dejando padecer tanto a los hombres como a las mujeres y niños, la intensa sed de aquellos calurosos días en el desierto.

    Durante 8 días permanecieron en este lugar, durante los cuales el sitio se estrechó y el ejército enemigo aumentó. Finalmente el Imam (P) con sus familiares y un pequeño grupo de compañeros, fueron rodeados por un ejército de treinta mil soldados. Durante estos días, el Imam fortificó sus posiciones e hizo una selección final de sus compañeros. Durante la noche los llamó y en una corta charla les dijo que no había nada aguardándoles más que la muerte y el martirio, añadiendo que, puesto que el enemigo estaba interesado sólo en su persona, el les liberaba de todas sus obligaciones de manera que cualquiera que quisiera pudiese aprovechando la oscuridad de la noche, escapar y salvar su vida. Entonces, ordenó apagar las luces y la mayoría de sus compañeros, que le habían acompañado pensando en su propio beneficio, se dispersaron. Sólo permanecieron unos cuantos de aquellos que amaban la Verdad, unos cuarenta de sus ayudantes cercanos y algunos de los Bani Hashim.

    Otra vez reunió el Imam a los que quedaban y los puso a prueba. Se dirigió a sus compañeros y a sus familiares Hashemitas, diciéndoles de nuevo que el enemigo estaba solamente interesado en su persona, cualquiera podía aprovechar la oscuridad de la noche y escapar del peligro. Pero esta vez los fieles compañeros del Imam (P) le respondieron, cada uno a su manera, que no se desviarían ni un instante del camino de la verdad, en el cual el Imam (P) era el líder y que jamás le dejarían solo. Que defenderían a sus familiares hasta la última gota de su sangre y tanto tiempo como pudieran sostener la espada.

    Hurr, quien había sido comandante del enemigo, junto a su hijo se trasladó al ejército del Imam para alcanzar el martirio en el camino verdadero.

    El noveno día del mes de Muharram, el Imam (P) recibió del enemigo el último reto para elegir entre “juramento” o “muerte”. El Imam (P) solicitó un plazo para la adoración durante la noche y determinó entrar en combate al día siguiente.

    Al día siguiente, luego de la plegaria del alba, el Imam organizó sus tropas. Contaba con treinta y dos hombres a caballo y cuarenta a pie. Envió primero a Gurair Ibn Jusair para que les hablara y exhortara, pero no lo escucharon. Luego fue él mismo ante el ejército enemigo y disertó ante ellos. Les recordó sus derechos y su prestigio; les recordó que fueron ellos quienes lo llamaron y ahora lo traicionaban; les advirtió sobre la muerte y el castigo de Dios, y suplicó a Dios contra ellos. Les dijo:

    “Analicen mi linaje y consideren quién soy yo. Luego obsérvense a vosotros mismos y recapaciten. Consideren cuál es vuestro derecho a matarme y a violar el honor de mis mujeres. ¿Acaso no soy el hijo de la hija del Profeta (Bpd) e hijo de su primo y auténtico heredero, el primer hombre en creer en Dios y Su Profeta (Bpd) conducido por su Señor? ¿Acaso no fue Hamzah el señor de los mártires, mi tío? ¿No han escuchado las palabras del Mensajero de Dios (Bpd) concernientes a mi hermano y a mi cuando dijo: “Ellos son los señores de los jóvenes del Paraíso?” Ya sea que crean en lo que digo o no, hay entre vosotros quienes os pueden decir esto si les preguntan.

    Preguntadle a Yabir Ibn ‘Abdullah Al Ansari, Abu Sa’id Al Judri, Sahl Ibn Sa’d Al Sa’idi, Zayd Ibn Arqam y Anas Ibn Malik lo que ellos han escuchado de las palabras del Mensajero de Dios (Bpd) concernientes a mí y a mi hermano.

    ¿Eso no es suficiente como para impedir que derramen mi sangre?”

    ‘Umar Ibn Sa’d fue el primero en atacar, arrojando una flecha hacia la tienda en la que acampaba el Imam. La batalla comenzó, y debido a la notable cantidad de hombres en las filas del enemigo, los compañeros del Imam Husein (P) comenzaron a ser martirizados. ‘Abbas Ibn ‘Alí hermano del Imam, fue asesinado mientras se esforzaba por traer agua para las mujeres y niños.

    El décimo día de Muharram del año 61 d.-H. el Imam (P) se enfrentó al enemigo con su pequeño grupo de seguidores, compuesto por cuarenta de sus compañeros, unos treinta miembros del ejército enemigo que se habían unido a él durante la noche y el día de la batalla, y su familia los Bani Hashim, niños, hermanos, primos, sobrinos y sobrinas. Ese día lucharon desde la mañana hasta el último aliento y finalmente una flecha hirió su cabeza, luego otra le dio en el pecho y cayó. Entonces Shimr Ibn Dhi al Yawshan lo mató, cortó su cabeza y la colocó en la punta de la lanza para presentarla ante Ibn Sa’d. Los soldados después cabalgaron sobre los cuerpos de los mártires y apresaron a las mujeres. Sólo se salvó ‘Ali Zain ul ‘Abidin, hijo del Imam Husein (P), quien sería el cuarto Imam.

    ‘Ali Zain ul ‘Abidin no pudo combatir por hallarse fuertemente enfermo. Su tía Zainab lo protegió cuando los soldados quisieron darle muerte en el momento que fueron a capturar a las mujeres.

    Durante la batalla no solamente el Imam, sino también sus compañeros e hijos que cada uno de ellos brillaba como una luminosa estrella en el horizonte del Islam y con cuya sangre humedecieron la ardiente tierra de Karbala encontraron el martirio, para así hacer saber a la sociedad musulmana que Yazid –producto de una unión ilegítima de los Omeyas–, no era sucesor del Mensajero de Dios (BP) y principalmente, que el Islam, no pertenecía a los Omeyas, ni los Omeyas eran parte del Islam.

    En total murieron diecisiete hombres de la familia del Imam, todos de Bani Hashim. Fueron seis hijos del Emir de los Creyentes, tres hijos del Imam Hasan (P), dos hijos del Imam Husein (P), dos hijos de ‘Abdullah Ibn Ya’far Ibn Abi Talib, tres hijos de Aquil Ibn Abi Talib y un nieto de Aquil (Ya’far y Aquil eran hermanos del Imam ‘Ali –P–). ‘Abdulah Ibn Ya’far era esposo de Zainab. Incluso mataron al hijo menor del Imam Husain (P). ‘Ali al Asgar, de sólo seis meses de edad, mientas su padre lo tenía en brazos y preguntaba al enemigo por qué le negaban agua a una criatura inocente.

    El Imam Husein (P) fue martirizado después de la oración del mediodía. Cuando el Imam fue herido y estaba próximo a morir dijo:

    “En el Nombre de Dios, por Dios y sobre la comunidad del Enviado. Dios mío, Tú sabes que ellos matan a un hombre al cual no se le iguala ninguno de los descendientes del Profeta (Bpd). Tengo paciencia en lo que respecta a tu decreto, ¡oh, Señor! No hay divinidad excepto Tú. ¡Oh, Amado de los que imploran auxilio!”

    EL LEVANTAMIENTO DE HUSEIN (P)

    A propósito, ¿han reflexionado alguna vez en que si el doloroso martirio y grandiosa epopeya de Husein (P) no hubiese sucedido y los musulmanes hubiesen reconocido a Yazid como sucesor del Profeta (P), sin duda la gente hoy en día, cuando escuchase hablar acerca de la depravación de Yazid y sus representantes, odiaría el Islam!

    Desde el momento en que los supervivientes de la matanza de Karbala –la mayoría de ellos familiares de Husein (P)– fueron capturados, se encargaron de hacer saber a la gente el profundo mensaje de este martirio; y la historia nos cuenta que estas honorables personas, tanto en las ciudades como en los bazares, en las mezquitas y hasta en la corrompida corte de Ibn Ziyad –ministro de Yazid– e incluso en la misma corte de Yazid, en todas partes y en todo lugar hablaron, predicaron y clamaron para arrancar la máscara de los horribles rostros de los asalariados asesinos de los Omeyas para probar, en esta forma, que Yazid era un perverso y un alcohólico, que carecía de la capacidad de ser califa y dirigía un gobierno que no le pertenecía, siendo este movimiento el que completó el mensaje del martirio Huseini y el que provocó una tormenta en los corazones de la gente con respecto a Yazid, frustrando así sus diabólicas aspiraciones y dejando como resultado que el nombre de Yazid tomase un sinónimo de bajeza y perversidad.

    Es necesario realizar un profundo análisis para poder comprender la filosofía de todas y cada una de las fases de este movimiento.

    Desde que el Imam (P) fue martirizado hasta hoy en día, sus amigos y seguidores, así como a todos aquéllos que valoran los honores y grandeza del ser humano, cada año guardan luto el día del aniversario de su revolución y martirio recordándolo con dolor y gran pena, y se lamentan por lo sucedido en la “matanza de Karbala”.

    Nuestros purificados Imames siempre tuvieron un especial interés en revivir el suceso de Karbala, además visitaban el sepulcro de Husein (P), vestían de luto y repetidas veces hablaron del mérito que tiene entristecer y hacer duelo por él.

    Abu `Amarah cuenta: “En cierta ocasión fui a visitar al sexto Imam, Imam Sadiq (P), quien me dijo: “Recita una elegía acerca del martirio de Husein”. Yo recitaba y él lloraba y sollozaba tanto que sus lamentos se escuchaban hasta fuera de la casa. Después de que terminé de recitar, el Imam (P) me habló de la recompensa y superioridad que lleva aquél que hace llorar a la gente por Imam Husein (P).

    En otra ocasión Imam Sadiq (P) expresó: “No es recomendable llorar y perder la calma por ningún evento trágico a menos que sea por el martirio de Husein Ibn `Ali (P), en cuyo caso obtendrá una gran recompensa y retribución.”

    El quinto de los Imames, Baqir ul `Ulum (P), en una ocasión dijo a su gran compañero Muhammad Ibn Muslim: “Decid a mis Shiítas que visiten el sepulcro de Husein (P) ya que para cualquier creyente que reconozca nuestro Imamato es necesario que visite la tumba de Abu ‘Abdullah il– Husein (P).”

    Imam Sadiq (P) aseguró: “Aquél que visite a Husein (P) obtendrá más recompensa que la que pudiese obtener por cualquier obra buena.”

    Visitar la tumba de Husein (P) enseña al mundo lo que significa la verdadera fe y lo que significa realizar una obra devota, y en verdad que al realizar este acto se obtiene un sentimiento de benevolencia, castidad y devoción en el alma.

    Todo el luto que se guarde por Husein Ibn `Ali (P), así como el respeto que se sienta al visitar su sepulcro y al recordar la tragedia de Karbala, contiene en sí un eminente valor; pero debemos ser conscientes de no limitarnos únicamente a estas visitas, sollozos y aflicción, sino que debemos aprender de todas estas demostraciones la filosofía de seguir una religión, la devoción y la obediencia de las leyes divinas, siendo éste su verdadero propósito. Así también nuestra gran necesidad de profundizar en el significado del término humanidad y aprender a vaciar nuestros corazones de todo aquello que no sea Dios, ya que, en caso contrario llegará al olvido el principal objetivo del martirio de Husein (P).